COMENTARIO DE TEXTO DE HISTORIA DE ESPAÑA. EvAU UCLM. #textoshistoriaEvAU2MSalas pic.twitter.com/v8LnaMxBTH— HistoriaIES.M.Salas (@historiasMSalas) 27 de mayo de 2018
COMENTARIO DE TEXTO DE HISTORIA DE ESPAÑA. EvAU UCLM.
20. CONSTITUCIÓN DE 1931.
“Art.
1. España es
una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza
en régimen de Libertad y Justicia. Los poderes de todos sus órganos
emanan del pueblo. La República constituye un Estado
integral, compatible con la autonomía de
los Municipios y las Regiones. La bandera de la República española es roja,
amarilla y morada.
Art.
2. Todos los
españoles son iguales ante la ley.
Art.
3. El Estado
español no tiene religión oficial.
Art.
4. El
castellano es el idioma oficial de la República. Todo español tiene obligación
de saberlo y el derecho de usarlo, sin perjuicio de los derechos que las leyes
del Estado reconozcan a las lenguas de las provincias o regiones […]
Art.
25. No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la
filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las
creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios […]
Art.
67. El Presidente
de la República es el Jefe del Estado y personifica a la Nación […]
CLASIFICACIÓN DEL TEXTO.
Selección del articulado de la Constitución de la Segunda República, elaborada en el Parlamento elegido en junio de 1931, cuya primera tarea fue la redacción de la Constitución que quedó aprobada a finales de año. Es una fuente primaria de naturaleza político-jurídica, esencial para el conocimiento de la historia política en España. Documento, por tanto, público promulgado como Ley Suprema del Estado.
En las elecciones municipales celebradas en abril de 1931, la victoria electoral de las candidaturas republicanas en las ciudades trajo consigo la caída de la monarquía. El cambio de régimen se realizó sin derramamiento de sangre el 14 de abril de 1931, tras la proclamación de la República en Madrid, Barcelona y otras capitales españolas. Las elecciones para Cortes Constituyentes se celebraron a finales de junio con una alta participación. Obtuvo una aplastante mayoría la conjunción republicano-socialista en casi todas las provincias. La redacción de una nueva Constitución fue la primera tarea que se impusieron los diputados. Manuel Azaña, como jefe de Gobierno, fue una figura decisiva en los debates.
IDEAS PRINCIPALES.
En esta selección encontramos algunos de los artículos más significativos del texto constitucional que recogen principios básicos del nuevo régimen.
- Una definición de la nación española radicalmente popular y democrática basada en los principios del trabajo, la libertad y la justicia (art. 1) y la definición unitaria del Estado español, aún reconociendo la autonomía de municipios y regiones.
- Igualdad de los ciudadanos ante la Ley (art. 2).
- Oficialidad del castellano como idioma oficial y reconocimiento de lenguas particulares y «regionales» (art. 6).
- Pacifismo en las relaciones internacionales (art. 6).
- Derecho a la autonomía como forma de descentralización política y administrativa del Estado (art. 11).
- Laicismo del Estado (art. 3) y libertad religiosa (art. 27).
- Función social de la riqueza y la propiedad que deben estar subordinadas al interés nacional común (art. 44).
- Poder legislativo radicado en las Cortes (art. 51), elegidas por sufragio universal (art. 52).
Los artículos citados expresan estos derechos y libertades sin ningún tipo de limitaciones ni concesiones a actitudes conservadoras. Resulta difícil fijar una idea como principal, ya que todas mantienen una coherencia básica en tomo al principio de democratización radical del Estado al reconocer los principios básicos de la tradición democrática y republicana. Si acaso, el artículo 1 parece ser el que declara con mayor amplitud los principios de la nueva sociedad española. Todos los demás recogen aspectos esenciales y relacionados -pero no secundarios- del Estado democrático.
CONTEXTO HISTÓRICO.
1. GOBIERNO
PROVISIONAL Y CONSTITUCIÓN DE 1931.
En la dictadura de Primo de Rivera, la oposición se organizó mediante el Pacto de San
Sebastián (1930), reuniendo a republicanos, catalanistas, constitucionalistas
y PSOE. En las elecciones del 12 de abril de 1931, aunque los
monárquicos obtuvieron mayor número de diputados, los republicanos triunfaron
en las capitales de provincia. El día 13, miles de personas en Eibar, Madrid,
Valencia, Barcelona, etc, salen a la calle a la voz de ¡Viva la República! El
día 14 se proclama la II República y ese mismo día Alfonso XIII se desplaza
de Madrid a Cartagena para embarcar hacia el destierro.
1.1. El Gobierno Provisional (Abril-Diciembre 1931)
Entre abril y noviembre de 1931, la
República fue dirigida por la Centro-Izquierda, es decir, por los
firmantes del Pacto de San Sebastián. Se trataron numerosos problemas:
- Problema agrario y laboral. Se pospuso la reforma
agraria hasta su aprobación por Cortes. No obstante, Largo Caballero promulgó
una serie de decretos: aumento de salarios, jornada de ocho horas, jurados
mixtos en caso de conflicto, Decreto de Términos Municipales, Decreto de
Laboreo Forzoso y aparición de la FNNT.
- Reformas militares de Azaña. Los problemas
crónicos del ejército (excesiva oficialidad, intervencionismo político, africanismo)
llevan a Azaña a realizar varias reformas: opción a Generales y
Oficiales de retirarse con el sueldo integro, reducción de las 16 divisiones
del ejército a 8 y supresión de los cargos de Capitán General y Teniente
General.
- Problema religioso. Dos sucesos enturbiaron la
relación Iglesia-Estado: la pastoral del Cardenal Segura elogiando al
Rey y la quema de conventos en
Madrid, Sevilla y Málaga.
- Política cultural y de enseñanza. Para combatir el
32 % de analfabetos, Marcelino Domingo mandó construir 7000 escuelas. El
nuevo modelo educativo, con Fernando de los Ríos al frente, estableció un sistema
unificado, público y gratuito, que garantizaba la igualdad de oportunidades,
la coeducación y el laicismo. Asimismo, se crearon bibliotecas y se socializó
la cultura gracias a las Misiones Pedagógicas. Estas medidas molestaron
a la Iglesia, principal responsable de la educación hasta el momento.
1.3. Elecciones a Cortes Constituyentes. Constitución de
1931.
La centro-izquierda triunfa en las
elecciones del 28 de junio de 1931. La derecha, al presentarse desorganizada,
pasó a ser minoritaria. Luis Jiménez de Asúa redactó la nueva Constitución
(influida por la República de Weimar) aprobada el 9 de diciembre de 1931:
- Principios constitucionales. Establece la soberanía
popular y una República Democrática inspirada en la libertad y la
justicia como forma de Gobierno. Promulga una democracia representativa con
sufragio universal desde los 23 años, incluidas mujeres, el laicismo del
Estado, y un incipiente Estado Social. La forma de Estado es un Estado integral
compatible con autonomías y regiones.
- Organización de poderes. El poder se distribuye
en un Presidente de la República, un Jefe de Gobierno y unas Cortes
unicamerales, donde pueden acceder todos los varones y mujeres mayores de 23
años. Se crea un Tribunal de Garantías Constitucionales.
- Organización territorial del Estado. Municipios,
provincias y regiones autónomas.
- Cuestiones polémicas. Por una parte, la
Constitución republicana reconocía la propiedad privada. Por otra parte,
los artículos 26 y 27 recogían la aconfesionalidad del Estado. Ello provocó
la dimisión de los católicos Alcalá Zamora y Maura. Para tranquilizar a la
opinión pública, Alcalá Zamora fue elegido Presidente de la República.
1.4. Las repercusiones de la crisis económicas de 1929
Aunque
la agricultura y la industria de consumo
presentaron un crecimiento positivo, el “crack de 1929” provocó algunos
problemas inmediatos en España, entre ellos: el descenso de la inversión, la contracción
del comercio exterior, el descenso de la producción industrial, el aumento del
paro y la brusca disminución de la emigración.
Desde el punto de vista político, se
produjo un avance del fascismo.
2. BIENIO REPUBLICANO-AZAÑISTA (DIC. 1931-NOV.
1933)
2.1. La política del Bienio
A lo largo de estos casi dos años,
Manuel Azaña presidirá dos gobiernos de coalición republicano-socialista.
Continuará las reformas en la línea del Gobierno Provisional:
- Reforma agraria. Se pretende resolver las
desigualdades sociales provocadas desde el siglo XIX por la injusta
distribución de la tierra tras las desamortizaciones. A pesar de la oposición
de derecha y radicales, Azaña aprobó la Ley de Reforma Agraria: acaba
con el latifundio, la explotación podría ser a título individual o colectivo y preveía
la expropiación de los grandes propietarios mediante pago de una indemnización
y las de la grandeza de España sin indemnización. Para llevarla a cabo se creó
el Instituto de Reforma Agraria (IRA), pero sus resultados fueron lentos
debido a la escasa financiación del Banco Nacional Agrario y la excesiva
burocratización. Para el campesinado, la II República fue una gran esperanza.
- Estatutos de Autonomía. En Cataluña se aprobó un
Estatuto de Autonomía (1932). Así, Cataluña cuenta con un gobierno propio (Generalitat)
y un Parlamento, presidido por Lluis Companys. Se ocuparían de
asuntos referentes a cultura, administración civil, obras públicas y comunicaciones,
mientras que el resto de competencias le correspondía al Estado Español. Por su
parte, ni País Vasco ni Galicia consiguen que se apruebe el estatuto en todas
sus provincias.
- Política cultural. El ritmo de construcción de
escuelas se frenó por problemas económicos y surge un problema de
escolarización, al contar la Iglesia con 35000 aulas.
- Relaciones Iglesia- Estado. La supresión de la
Compañía de Jesús y la implantación del matrimonio civil y el divorcio agriaron
las relaciones Iglesia-Estado.
2.2. Oposición y problema del bienio
Por una parte, las fuerzas
derechistas se reagrupan. El general Sanjurjo encabezó un golpe de
Estado en agosto de 1932 (Sanjurjada) en
Sevilla, que fracasó. Sanjurjo fue detenido y condenado y la derecha optó
por formar coaliciones electorales:
- CEDA: liderada por Gil Robles, fue un
partido católico y conservador. Se inspiraba en la doctrina social de la
Iglesia y contó con un fuerte arraigo entre el campesiando, clases medias y
monárquicos. Sus Juventudes de Acción Popular (JAP), de actitud
pro-fascista, actuaban bajo los pilares de la religión, familia, orden, propiedad
y autoritarismo.
- Falange Española de las JONS. Formada en 1934 por
la fusión de las JONS (a su vez fusión de “La conquista del Estado” de Ledesma
y las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica de Onésimo Redondo) y la
Falange Española (FE) de José Antonio Primo de Rivera. Se declaraba
enemiga de los partidos políticos, del parlamentarismo, de la lucha de clases y
afirmaba no ser ni de derechas ni de izquierdas. Propugnaba por la sindicación
vertical de las fuerzas productivas y la reforma agraria (Programa 27 puntos).
En cuanto a la CNT, salvo la facción partidaria
del sindicalismo apolítico de Ángel Pestaña, triunfó la línea insurreccional
(FAI). La FAI era contraria a la UGT (negociadora con el régimen republicano) y
se enfrentó al Gobierno para atraerse a los obreros ugetistas descontentos por
la lenta reforma agraria. Los
anarquistas proclamaron el comunismo libertario en varias comarcas, produciéndose
los incidentes más graves en Castilblanco (dic. 1931), Arnedo
(enero, 1932) y Casas Viejas (enero 1933). La oposición parlamentaria,
dirigida por Lerroux, también acosó al Gobierno.
2.3. Fin del Bienio Social-Azañista
Ante
el malestar general, el gobierno de Azaña dimitió en septiembre de 1933. Alcalá
Zamora disolvió las Cortes y convocó elecciones el 19 de noviembre de 1933, ganando
los partidos de derecha y centro. Los motivos que explican la
derrota electoral son:
- Mientras que las derechas fueron
unidas a las urnas, las izquierdas no lo hicieron.
-
El abstencionismo propugnado por la CNT restó votos a las izquierdas.
- El peso del voto femenino debió
inclinarse por los partidos de centro y derecha.
6. LA DESAMORTIZACIÓN DE MENDIZABAL.
6. LA
DESAMORTIZACIÓN DE MENDIZABAL.
Exposición
de D. Juan Álvarez de Mendizábal a
S. M. La reina Gobernadora:
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IDENTIFICACIÓN, CLASIFICACIÓN Y NATURALEZA
Naturaleza:
Histórico. Jurídico - legal.
Temática:
socio-económica
Fuente:
primaria-
Autor:
Juan Álvarez Mendizábal
Destinario:
Público
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CONTEXTO HISTÓRICO
- Regencias de María Cristina y
Espartero.
- Gobiernos progresistas
1835-1837.
- Primera guerra carlista.
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IDEAS DEL TEXTO
Exposición de motivos para
acometer la venta de bienes desamortizados:
-Paliar la deuda nacional.
Amortización.
-Estrechar vínculos entre los
propietarios (burguesía) y el régimen liberal en alianza frente al
Carlismo. “Copiosa familia”
-Incrementar la producción en las
tierras sin cultivar.
- Expropiación y venta de bienes
de comunidades religiosas suprimidas el año anterior.
|
Señora: vender la masa de bienes que han
venido a ser propiedad de la nación no es tan sólo una promesa solemne y dar
una garantía positiva a la Deuda Nacional por medio de una amortización
exactamente igual al producto de las rentas; es abrir una fuente abundantísima
de felicidad publica; vivificar una riqueza muerta; desobstruir los canales de
la industria y de la circulación; apegar al país por el amor natural y
vehementemente a todo lo propio; ensanchar la patria, crear nuevos y firmes
vínculos que liguen a ella; es, en fin, identificar con el trono excelso de
Isabel II, símbolo del orden y de la libertad. No es, Señora, ni una (tría)
especulación mercantil, ni una mera operación de crédito (…) es un elemento de
animación, de vida y de ventura para España. Es si puedo explicarme así, el complemento
de su resurrección política.
El
decreto que voy a tenerla honra de someter a la augusta aprobación de V M.
sobre la venta de esos bienes adquiridos ya por la nación, así como en
su resultado material, ha de producir el beneficio de
minorar la fuerte suma de la Deuda Pública, es menester que en su
tendencia, en su objeto y aun en los medios por donde aspire a aquel resultado,
se enlace, se encadene, se funde en la alta idea de
crear una copiosa familia de propietarios cuyos goces y cuya existencia
se apoye principalmente en el triunfo completo de nuestras actuales
instituciones.
Art. 1. Quedan declarados en venta desde
ahora todos los bienes raíces de cualquier clase que hubiesen pertenecido a las
comunidades y corporaciones religiosas extinguidas, y los de los que hayan sido adjudicados
a la nación por cualquier título o motivo, y también todos los que en adelante
lo fueren desde el acto de su adjudicación.
Art.
2. Se exceptúan de esta medida general los edificios que el gobierno destine
para el servicio público o para conservar monumentos de las artes o para honrar
la memoria de hazañas nacionales (...)
1.1 Clasificación.
Fragmentos del Decreto redactado por Mendizábal, ministro en esas fechas (febrero de 1836) del gobierno progresista de José M.a Calatrava, firmado por María Cristina como regente. Se ponen a pública subasta un conjunto de bienes inmuebles que han sido desvinculados y expropiados por el Estado a las órdenes religiosas y conventos disueltos el año anterior. Es un documento jurídico, por tanto, de naturaleza económico-social que constituye una fuente primaria para el conocimiento de uno de los aspectos fundamentales de la revolución burguesa en España, la desamortización y transformación de la propiedad.
Para lograr el establecimiento del nuevo régimen liberal en 1836, era condición necesaria ganar la guerra carlista que en ese momento resultaba incierta, pero este objetivo no podría realizarse sin dinero o sin crédito. A su vez, para poder fortalecer la credibilidad del Estado ante futuras peticiones de crédito a instituciones extranjeras era preciso eliminar, o por lo menos disminuir, la Deuda Pública hasta entonces contraída o, de otro modo, pagar a los acreedores. Se recurrió a esos bienes eclesiásticos como medio de pago.
1.2 Ideas principales.
En el texto localizamos los siguientes conceptos esenciales:
- Una justificación del interés nacional de poner a la venta «la masa de bienes» que han sido anteriormente declarados «bienes nacionales». El fin prioritario es sanear la Hacienda Pública, fuertemente endeudada, entregando a cambio de los títulos de deuda esos bienes. - En segundo lugar, al convertir esos bienes inmuebles -sobre todo la tierra- en propiedad privada y plena, se abriría un proceso de creación de riqueza, evitando «un detrimento de la riqueza nacional» que se daría de no pasar a manos privadas.
- En la parte dispositiva se decreta la venta de todos los «bienes nacionales» expropiados a los conventos disueltos; se exceptúan algunos por su valor artístico o utilidad pública oficial que determinará el Estado.
1.3. Contexto histórico. Antecedentes, desarrollo y consecuencias de la desamortización.
Los políticos ilustrados del siglo XVIII se habían preocupado por modernizar la agricultura. Sin embargo no consiguieron su objetivo, porque la mayor parte de la tierra pertenecía a la nobleza y la Iglesia. El carácter rentista y poco emprendedor de estos propietarios constituía un freno que impedía que en España se produjera un avance económico similar al de otros países europeos.
1.3.1. El problema de la propiedad de la tierra
Para que el campo fuera más rentable era necesario que los propietarios invirtiesen en maquinaria o en abonos y, sobre todo, que intentasen obtener mayores rendimientos, por ejemplo introduciendo nuevos cultivos o con la búsqueda de mercados para comercializar los productos. Pero había muy pocos propietarios con estas inquietudes. Los nobles y los clérigos vivían de las rentas que les proporcionaban el campo y casi nunca se dedicaban a una actividad productiva. Sus tierras eran cultivadas por arrendatarios y los contratos de alquiler de las tierras eran muy antiguos. Generalmente, estos arrendatarios se quedaban una parte de las cosechas para subsistir y entregaban el resto al propietario, además de pagar varios impuestos al Estado, tributos a los señores o a la Iglesia local (diezmos).
Además, muchas hectáreas de tierra, llamadas tierras comunales, eran propiedad de los municipios y a menudo permanecían sin cultivar o estaban mal cultivadas. En las tierras comunales los habitantes de los pueblos obtenían recursos, frutos, pastos, leña, etc., que ayudaban a su subsistencia. Las tierras de la Iglesia y las de los municipios se denominaban propiedades de manos muertas, ya que, como no se podían poner a la venta, no había posibilidad de que cambiaran de manos. Lo mismo ocurría con las propiedades vinculadas a casas nobiliarias por mayorazgo. La tierra, principal medio de producción, no podía ser usada como un bien libre, estaba fuera del mercado y no podía ser capitalizada para aumentar su productividad. En estas condiciones, a comienzos del siglo XIX el progreso de la agricultura española, al contrario de lo que sucedía en Europa, resultaba imposible.
1.3.2. El cambio en la propiedad de la tierra: las desamortizaciones.
La desamortización fue un hecho fundamental en el proceso de la Revolución Burguesa. Significó un cambio esencial en el sistema de propiedad y tenencia de la tierra. En España se produjo de manera discontinua. Se dieron varias desamortizaciones: la del ministro de Carlos IV Godoy (1798), la de la guerra de Independencia, la del Trienio Liberal (1820-1823); pero las más importantes fueron la de Mendizábal (1836-1851) y la de Pascual Madoz (1855-1924).
El primer paso era la promulgación de leyes para desvincular los bienes de la nobleza y desamortizar los bienes eclesiásticos y municipales. Con ello se conseguía sacar al mercado libre, para que fueran objeto de compra y venta, bienes que el Antiguo Régimen mantenía al margen del mismo. Simultáneamente se abolieron los señoríos y los mayorazgos.
El proceso suponía dos momentos bien diferenciados: primero, la incautación por parte del Estado de esos bienes, por lo que dejaban de ser de «manos muertas» (o de estar fuera del mercado) para convertirse en «bienes nacionales»; y segundo, la puesta en venta, mediante pública subasta, de los mismos; el producto de lo obtenido lo aplicaría el Estado a sus necesidades, principalmente a amortizar la Deuda Pública.
La Desamortización de Mendizábal fue promulgada en 1836 y en medio de la guerra civil con los carlistas, puso en venta todos los bienes del clero regular (frailes y monjas). De esta forma quedaron en manos del Estado y se subastaron no solamente tierras sino casas, monasterios y conventos con todos sus enseres. Al año siguiente, 1837, otra ley amplió la acción al sacar a la venta los del clero secular. En 1855 el ministro de Hacienda, Pascual Madoz, también progresista, sacó a la luz su Ley de Desamortización General. Se llamaba «General» porque se ponían en venta todos los bienes de propiedad colectiva: los de eclesiásticos que no habían sido vendidos en la etapa anterior, y los propios de los pueblos (eran llamados bienes de «propios» aquellos que proporcionaban, por estar arrendados, una renta al Concejo, en tanto que los «comunes» eran los que no proporcionaban renta y eran utilizados por los vecinos del lugar). Fue la desamortización más larga en el tiempo y no concluyó hasta 1924. El procedimiento utilizado para las ventas fue una copia del de Mendizábal. Pero hubo algunas diferencias: el dinero obtenido fue dedicado en parte a financiar la industrialización del país y a la expansión del ferrocarril. Por otra parte, el Estado no era el propietario de los bienes sino los ayuntamientos. Aquel percibiría el importe de las ventas en nombre de estos y lo transformaría en títulos de deuda; lo que significaba que el Estado custodiaba los fondos de los ayuntamientos y los utilizaba para el bien de todos.
1.3.3. Las consecuencias de las desamortizaciones.
a) Cambios sociales.
Los compradores fueron sobre todo aristócratas terratenientes y clérigos seculares, que aún engrosaron más su patrimonio rústico, o comerciantes e industriales, una burguesía compradora que se hizo terrateniente y veía en la tierra un signo de prestigio y de estabilidad económica. Muchos latifundios actuales datan de esta época. Fueron vendidas tres quintas partes de las propiedades de la Iglesia. Otra consecuencia fue el deterioro económico que supuso para muchos agricultores, ya que perdieron los derechos de uso de los bienes comunales. En muchas zonas gran número de campesinos, expulsados de los nuevos latifundios, pasaron a ser jornaleros sin tierra, proletariado agrícola, que a mediados de siglo superaba los dos millones de personas, la mitad de los asalariados españoles. Cambios en los modos de explotación de la tierra en cerca de un 50 % de la tierra cultivable. Esto trajo consigo una expansión de cultivos y una agricultura más productiva. Hubo una ampliación importante de la superficie cultivada dedicada a los cereales y, en algunas zonas de la periferia, la expansión del cultivo de la patata y del trigo.
b) Consecuencias culturales.
La desamortización produjo una gran pérdida y expolio de bienes culturales de los antiguos monasterios sobre todo. Muchas obras arquitectónicas se arruinarían y bienes muebles (pinturas, bibliotecas, enseres) fueron vendidos a precios irrisorios y, en gran parte, salieron hacia otros países. Todo ello, a pesar de que en 1840 se habían establecido unas comisiones provinciales encargadas de catalogar y custodiar esos bienes.
Otras medidas de la revolución liberal que afectaron a la estructura de la propiedad y la tenencia de la tierra fueron la supresión definitiva de la Mesta (1836) y la abolición de los señoríos y el diezmo (1837).
LA HISTORIA DE ALFONSA Y ERNESTO.
La revista Crónica publicaba en septiembre de 1936 la historia de Alfonsa y Ernesto, dos milicianos que se habían casado en el frente. La información gráfica no indica la ideología política de la milicia ni el frente de lucha, posiblemente el madrileño. En los números posteriores el fotoperiodista no continuó con su historia vital, sumergiéndose ambos en la Historia en mayúsculas de la Guerra Civil española.
¿Quieres visitar la fuente histórica?
La actividad que os propongo es recrear las historia de vida de ambos pero utilizando todos los recursos literarios de la ficción. Para ello, en la estructura de vuestro texto debéis utilizar los contenidos analizados en las unidades dedicadas a la II República, la Guerra Civil y el franquismo, eso sí, seleccionándolos, estructurándolos y otorgándoles un punto de vista personal.
Os planteo un ejemplo muy sumario.
Ernesto finalmente fue movilizado al frente de Aragón mientras Alfonsa no tuvo más remedio que quedarse en Madrid. Ernesto jamás regresó aunque la correspondencia entre ambos se mantuvo hasta 1938, entendiendo Alfonsa que la ausencia de cartas desde ese momento se debía a la muerte de Ernesto en la batalla del Ebro ya que tenía conocimiento de que había luchado allí. Finalmente Alfonsa se exilió a México y Ernesto, tras su traslado a un hospital de sangre de Barcelona pudo salir de España por los Pirineos. Alfonsa volvió a casarse en México con Juan, un destacado miembro del Partido Comunista. Por su parte, Ernesto luchó durante la II Guerra Mundial junto a la resistencia franco-española, participando en la liberación de París. En 1947 Juan y Ernesto coincidieron en un Congreso del PCE y, a la hora del café, en medio de una acalorada conversación sobre política apareció el nombre de Alfonsa, la irrenunciable anarquista.
VENCER NO ES CONVENCER.
Carta de Enriqueta Carbonell, mujer de Atilano Coco, amigo de Miguel de Unamuno, informándole sobre la situación de su marido y pidiéndole ayuda. En el mismo documento Unamuno iba apuntando las notas para su famosa replica, discurso y sentencia. "venceréis, pero no convenceréis".
Dije que no quería hablar pero me conozco, se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Se ha hablado aquí de una guerra internacional en defensa de la civilización cristiana, yo mismo lo he dicho otras veces, pero no, nuestra guerra es sólo una guerra incivil, nací arruyado por una guerra civil y se lo que digo. Vencer no es convencer y hay que convencer sobre todo y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión, el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora, inquisitiva pero no inquisidora. Se ha hablado también de catalanes y vascos llamándoles la antiespaña, pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto y aquí esta el señor obispo de Cataluña para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy un vasco, llevo toda la vida enseñándoros la lengua española que no sabéis, ese sí es imperio, el de la lengua española...
En ese momento le interrumpe Millán Astray con el grito de ¡Muera la inteligencia!
Según la versión de Elías Díaz, uno de los mejores investigadores de Unamuno.
Dije que no quería hablar pero me conozco, se me ha tirado de la lengua y debo hacerlo. Se ha hablado aquí de una guerra internacional en defensa de la civilización cristiana, yo mismo lo he dicho otras veces, pero no, nuestra guerra es sólo una guerra incivil, nací arruyado por una guerra civil y se lo que digo. Vencer no es convencer y hay que convencer sobre todo y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión, el odio a la inteligencia que es crítica y diferenciadora, inquisitiva pero no inquisidora. Se ha hablado también de catalanes y vascos llamándoles la antiespaña, pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto y aquí esta el señor obispo de Cataluña para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy un vasco, llevo toda la vida enseñándoros la lengua española que no sabéis, ese sí es imperio, el de la lengua española...
En ese momento le interrumpe Millán Astray con el grito de ¡Muera la inteligencia!
LOS DERECHOS POLÍTICOS DE LA MUJER EN LA PRENSA REPUBLICANA (1870).
“DERECHOS POLÍTICOS DE
LA MUJER.
Todas las
preocupaciones caen.
La mujer se emancipa.
No sólo muchas
adquieren grados académicos, sino derechos políticos.
Esta gran gloria estaba
reservada al gran país que ha dado derechos al negro...
¿Qué lugar ocupa la
mujer en la sociedad, y especialmente en España?
¿Por qué no ha de
disfrutar los mismos derechos civiles que los hombres?
¿Por qué no ha de gozar
de libertad?
¡La mujer! Fuente de
amor y de ternura, en que nuestra rutina injusta e insensata sólo ve un objeto
de voluptuosidad; ¿por qué no ha de obtener un puesto en las tribunas de la
ciencia, de las artes y de la política?
¿Por qué ha de vivir
olvidada, oscurecida y condenada a un perpetuo aislamiento?
A la mujer no puede
negársele el talento; no puede negársele una imaginación privilegiada; no puede
negársele, en fin, el desarrollo de sus facultades intelectuales, y, por
consiguiente, es tan digna de ocupar elevados puestos en la sociedad, y tan
capaz de desempeñarlos, como el hombre más experto. Pero el denso velo del
oscurantismo, de las viejas tradiciones, del lamentable atraso en que nuestra
civilización se ha encontrado hasta hoy, la ha tenido relegada al olvido; la ha
encerrado en el oscuro recinto de la ignorancia, porque así convenía al egoísmo
del hombre dominante.
Pero ya es tiempo. La
sociedad camina a su progreso. La sociedad se mueve, y el oscurantismo y la
ignorancia desaparecen ante el sol de la civilización.
Por eso en la nación
del progreso, en la culta Inglaterra, que lleva en muchas cosas dos siglos de
ventaja a las demás naciones europeas, se alzó ya una Mill a reclamar los
derechos que el hombre usurpó a la mujer, de esos derechos que la poderosa
naturaleza le concediera con la vida, al crearla un ser racional y libre.
Por eso en Wyoming, en
los Estados-Unidos, tienen ya el derecho de votar; por eso forman parte del
jurado, y por eso, en fin, hemos de verlas algún día ir a depositar con sus
delicadas manos en las urnas de los sufragios el voto de su conciencia..."
FUENTE: La Igualdad,
número correspondiente al 1 de julio de 1870 (aunque en el periódico se indique
por error 31 de junio).
MANIFIESTO ELECTORAL DEL PARTIDO REPUBLICANO FEDERAL.
"El COMITÉ
REPUBLICANO DE MADRID A LOS ELECTORES. Electores: designados por el sufragio de
nuestros correligionarios para dirigir en Madrid las próximas elecciones que
han de formular el pensamiento y la voluntad del país, dueño de su soberanía,
nuestro principal deber es invocar el númen que nos ha iluminado en la
oscuridad de la desgracia y nos ha sostenido en el esfuerzo del combate:
invocar nuestros principios. Débiles, por ellos nos hemos hecho fuertes;
oscuros, por ellos hemos adquirido en mayor o menor grado la estimación
pública; escasos de instrucción, por ellos hemos avasallado la conciencia de
las generaciones presentes; no menos escasos en número e importancia, por ellos
hemos concluido llenando con las huestes de la libertad el país e influyendo
soberanamente en todos los partidos.
Sean cualesquiera las
descomposiciones y recomposiciones que los nuevos hechos traigan al partido democrático; sean cuales quiera
los servicios, que nosotros reconocemos en aquellos de nuestros antiguos
correligionarios, por tantos títulos ilustres, que, obedeciendo a errores gravísimos,
aunque excusables por la nobleza de sus móviles, han pactado con partidos diversos
y opuestos al nuestro, no ya una coalición en la esfera de los hechos y de la
conducta que podrán justificarse por lo supremo de las circunstancias y lo grave
de los peligros, sino una coalición de principios, absurda, imposible, cuya
inutilidad demostrarán bien pronto crueles y merecidos desengaños; sean cualesquiera
las fuerzas de descomposición, que nosotros declaramos grandes, la importancia
de los que en este momento nos han abandonado, importancia excepcional, porque
son los más elocuentes, los más ilustres, los más valerosos, los más fuertes, los
más queridos y respetados de todos; eso no importa nada cuando algunos, siquiera
sean los más débiles y oscuros, se quedan con los principios; porque no hay
ningún hombre por grande, ninguno por fuerte, que tenga la estatura y la fuerza
de una idea.
Y la idea capital de
nuestro partido; aquella que resume todos nuestros principios; aquella que
contiene todas nuestras reformas; la que grabamos en las Cortes Constituyentes
sobre el trono, entonces poderoso, de Isabel II, hasta obligarlo a derrumbarse
bajo su peso; la que sostuvimos en la prensa desafiando la recelosa censura de
los fiscales y el látigo de los tiranos hasta lograr la absoluta libertad de la
palabra; esa idea, a que no podemos renunciando sino renunciando a la vida; esa
idea, que bien pronto hemos de ver aclamada por todos los españoles corno la única
salvación de su independencia, es la idea de República.
Sí, la República es la
forma esencial de la democracia, como el
cuerpo humano es la forma esencial de nuestra vida, como la palabra humana es
la forma esencial del pensamiento. Pudo en otro tiempo, pudo en otras
condiciones históricas, pudo la República contagiarse con el feudalismo, como
se contagia la sangre con el aire apestado; pero hoy, después del advenimiento
del pueblo y de su alianza con la libertad, hoy en América y en Europa sólo
existe la democracia donde existe la República, y sólo se llaman partidos democráticos los partidos republicanos.
La
monarquía es una institución de tal manera injusta, absurda, que donde existe,
sólo existe para conservar algún privilegio, para sostener alguna iniquidad. Existe
en Inglaterra para conservar la más insolente de las aristocracias y la más
orgullosa de las iglesias; en Portugal, para subordinarlo a Inglaterra; en
Bélgica, para subordinarla a Francia; en Grecia, para subordinarla a Rusia; en
el Brasil, en las riberas del Nuevo Mundo, limpias de reyes, para sostener la
infamia de la esclavitud y los crímenes de los negreros. Si hay algún país en
el mundo que, llamándose República, guarde el bárbaro comunismo monástico de
los siglos medios; si hay algún país, como el Paraguay, donde las libertades no
hayan penetrado a través de las instituciones republicanas, la causa está en
que ese país toma un nombre usurpado y guarda la base de la monarquía, su
esencia; es incomprensible la viciosa vinculación del poder supremo en una
familia, que impone sus privilegios como una marca deshonrosa de generación en
generación, y trasmite la sombra de sus errores, como una herencia funesta, de siglo
en siglo. Pero nosotros, españoles, nosotros hemos derribado todos los
privilegios, y nada tenemos que temer, ni nada que esperar de la diplomacia
europea. Nosotros hemos consumido este siglo, todo este siglo, en esfuerzos
titánicos para derribar la monarquía. Tendiendo la vista por el largo martirologio
de la libertad, recordando los nombres gloriosos de Lacy, de Riego, de
Torrijos, de Zurbano, de Cámara, se descubre que sus verdugos fueron los reyes.
Subiendo con el pensamiento a las épocas en que ganamos la libertad para
perderla en seguida, se aprende que la ganamos siempre por el esfuerzo del
pueblo y del ejército reunidos, y la perdimos siempre por las maquinaciones de
los palacios conjurados contra nuestros derechos.
El nuevo monarca que
busquemos de rodillas por el mundo; el nuevo monarca, engendro raquítico de una
diplomacia enemiga en todas partes de la revolución, no nos deberá lo que nos
debió Fernando VII, seis años de guerra con el extranjero; no nos deberá lo que
nos debió Isabel II, siete años de guerra civil; no nos deberá los esfuerzos,
los sacrificios que los otros reyes constitucionales nos debieron; y, por
consiguiente, se creerá menos ligado aún que ellos a respetar nuestros derechos,
tomándonos por los más desgraciados de todos los esclavos, por esclavos
voluntarios, que apenas han conseguido su libertad, cuando la han abdicado a
las plantas de un rey, y, para mayor ignominia, de un rey extranjero.
Los
españoles todos, sin distinción de escuelas y partidos, saben que la solución
que menos seguramente nos divide, la que más nos fortalece, la que conserva
nuestra antigua independencia es la República: sí; la República que nos
impedirá, después de tres siglos de extrañas dominaciones y extranjeras
dinastías, ver este país de Daoíz y Verlarde, este país de Bailén y Talavera,
este país de Gerona y Zaragoza, el modelo de pueblos independientes, el salvador
de las nacionalidades libres, cayendo más bajo que Grecia y que Rumania en
manos de la diplomacia europea, que se disuelve como se disuelven todos los
cadáveres, al contacto del aire y de la luz de nuestro siglo.
Pero entre los españoles, aquellos que más
deben desear la República y más repeler la monarquía son los españoles comprometidos
moral y materialmente en la gloriosa revolución de setiembre. El pueblo no ha
entendido derribar solamente una dinastía; cuando ha arrancado de los antiguos
blasones el remate de la corona, ha querido pisotearla, y la ha pisoteado, para
que no reapareciese jamás dignamente sobre ninguna cabeza. Los principios
proclamados por la revolución: los derechos individuales, como leyes de todo
organismo político; el sufragio universal, como origen permanente del poder;
las libertades absolutas de imprenta y de reunión, como eternos tribunos armados
de su reto moral contra todas las arbitrariedades del poder, son principios incompatibles
con la monarquía. Y la prueba está en que, mientras existen todos en las dos
Repúblicas-modelos que hay en el mundo, no existen en ninguna monarquía, ni en
las más liberales; porque las absurdas monarquías democráticas, como la de Luis
Felipe, apenas han nacido, cuando, por impulso fatal de su organismo, han devorado
libertad y democracia.
La igualdad de derechos; la
igualdad, que es el gran principio del partido democrático;
la igualdad, que es la extensión de las libertades a todos los hombres; la
igualdad no existe allí donde una familia amortiza las más altas magistraturas,
las más trascendentales funciones sociales: la autoridad y el poder. La
libertad, ese principio fundamental de la vida, la libertad se detiene ante un
trono inviolable, irresponsable, hereditario, exceptuado de la crítica, puesto
en esferas inaccesibles, limitando, por su propia organización y por sus
atributos esenciales, todos, absolutamente todos los derechos, que se vuelven
raquíticos, por desiguales, en cuanto no se extienden dentro de su espacio
natural, de su forma propia, que es la República.
Por
esta razón, así que el comité se ha reunido, así que sus individuos se han
juntado merced al llamamiento de millares de sus correligionarios, se han
decidido a proclamar por unanimidad como la idea capital de sus creencias
políticas, como la forma inseparable de los principios democráticos, como la
necesidad suprema del momento, como la consecuencia lógica de la revolución,
como la idea que nos une a todos los pueblos y nos separa de todos los
despotismos, como la solución inmediata que debemos sostener en la prensa, en
los comicios, en el Parlamento, seguros de que su triunfo próximo y definitivo
es indudable, se han decidido a pro-clamar la República. Con la República y por
la República aseguraremos los derechos individuales, poniéndolos fuera del
alcance de todos los poderes.
Con
la República y por la República realizaremos constantemente el gran principio
de la soberanía nacional, sin que lo limite ninguna institución, y sin que lo
manche ningún sofisma.
Con la República y por la República el municipio recobrará su autonomía y la
provincia sus condiciones de vida y de derecho en una amplísima
descentralización. La República y sólo la
República puede lograr que el Parlamento central salga inmediatamente del
sufragio de todos los ciudadanos y el poder supremo del Parlamento, como ha
sucedido en el periodo más glorioso de nuestra historia, durante las Cortes de
Cádiz, que nos dieron libertad y patria, sin necesidad de esas presidencias,
semejantes a las monarquías, y tentadoras para las desapoderadas ambiciones
humanas. Con la República y por la República resolveremos el problema capitalismo
de nuestro siglo, el problema que será su honra y su título de gloria en lo
porvenir: la alianza inseparable de la democracia con la libertad.
La República nos dará las libertades que nos
faltan y nos confirmará las libertades que hemos conquistado: la libertad de
pensamiento y de conciencia, la libertad de enseñanza y de cultos, la separación
radical entre la Iglesia y el Estado. La República nos dará, así para las
elecciones de ayuntamientos como para las elecciones de diputados provinciales
y de diputados a Cortes, el sufragio universal. La República asegurará el
domicilio contra toda violación, la propiedad contra todo ataque, el trabajo
contra todas las explotaciones y todas las servidumbres, el crédito y el
comercio contra todas las artificiales barreras levantadas por los privilegios
absurdos y el aislamiento monástico de las antiguas monarquías. La república asegurará la libertad de
asociación con tal firmeza que los trabajadores puedan resolver por sí mismos,
en el pleno goce de su dignidad y usando de todas sus libertades, el problema
social que ha de elevar las clases desheredadas a las regiones de la verdadera
vida.
La
República es el Estado reducido a sus
naturales límites y a sus funciones primordiales; la sociedad
sustituyéndose a las arbitrarias leyes de los antiguos gobiernos, la pena de muerte abolida, el sistema penal
reformado, las antiguas colonias
tanto tiempo presas y explotadas entrando en su autonomía, el presupuesto
rebajado en más de la mitad de su presente escandalosa cifra, las contribuciones indirectas abolidas, la
deuda pagada religiosamente pero convertida a una sola clase, las quintas y las matrículas de mar
Olvidadas para siempre, la realización completa de todo el programa
democrático.
Y
Como remate, como coronamiento de esta obra bendita, colocará inmediatamente la
República el ara de la patria emancipada
las cadenas de ochocientos mil esclavos; que no pueden continuar en la
servidumbre desde el momento en que se caiga la clave de todas las injusticias,
la esperanza de las restauraciones monárquicas.
Electores: ya os hemos dicho nuestro programa,
que debéis acoger, no por las oscuras personas que lo firman, sino por las claras
ideas que lo enaltecen. Id con él, abrazados a él, sin transacciones debilitan,
sin complacencias que matan la energía de los partidos; id con él a las urnas y
depositar a favor de él vuestro voto, seguros de que salváis la patria, y con
la patria Europa, y con Europa el mundo, cansado ya de llevar en su conciencia
los restos podridos de la monarquía y de la teocracia. Contémonos, republicanos;
sepamos cuántos somos, y sepa el mundo que aquí hay muchos ciudadanos que no
están dispuestos a renunciar a su soberanía, ni a doblar la rodilla y la espina
dorsal ante ningún rey de la tierra, ni a convertirse de libres en cortesanos.
Pero,
electores, id a las urnas con la calma
de los valientes, con la seguridad de los fuertes, respetando el derecho de
todos, para que todos respeten vuestro derecho. Desde que cayó la monarquía
antigua, a pesar de los votos del gobierno provisional por traernos otra
quimérica, la verdad es que estamos en República. La legalidad es la República;
el gobierno es republicano, porque ha recibido su investidura del pueblo, y
sólo ante la representación del pueblo deberá dar cuenta de su política y de
sus actos, y porque sobre él no se alza ninguna de esas coronas reales que
matan a los gobiernos populares con su sombra. Lo que esta República necesita
es ser legitimada por el voto de la Constituyente, y establecida, organizada
por leyes tan sencillas como sabias. De
suerte que hoy, electores, lo conservador, lo esencialmente conservador es la
República; mientras lo anárquico, lo desordenado, lo perturbador es la
monarquía.
Así,
mientras las libertades de reunión y de asociación existan, mientras la
imprenta sea libre, mientras el sufragio universal no se falsee ni se limite,
mientras los derechos individuales, en fin, se vean respetados, importándonos poco
los hombres y los partidos que gobiernen y los errores secundarios que cometan;
debemos encerrarnos dentro de la legalidad y legalmente difundir nuestros
principios.
Por
lo mismo vuestro comité os encarga el deber más completo, el mantenimiento de
la tranquilidad pública a toda costa y a todo trance. El pueblo que, teniendo
el derecho de reunión, la libertad de imprenta y el sufragio universal, apela a
los tiros y no a los votos, apela a las armas y no a las ideas, ese pueblo es
un pueblo suicida. Las sociedades no pueden vivir en una perturbación continua.
El derecho no se puede exigir sino cuando no se cumple el deber. Los ciudadanos
jamás verán respetadas sus libertades, si no comienzan por respetar ellos primero
la autoridad. La historia enseña que es fácil conquistar la libertad y difícil
conservarla.
La
historia enseña que muchas veces se ha perdido tan precioso bien por la
inexperiencia de los pueblos y, no lo dudéis, los que os inciten al desorden, a
la rebelión, quieren perderos. Y nosotros os excitarnos al orden y al respeto a
la autoridad, nosotros que remos salvaros. Es un axioma, que nunca nos
cansaremos de repetir, el siguiente: cuando se pone a una sociedad en la dura
alternativa entre la anarquía y la dictadura, opta, guiada de instintos
conservadores incontrastables, opta siempre por la dictadura. Tengan hoy los
gobiernos, en medio del oleaje de las libertades públicas, una seguridad que
jamás tuvieron bajo el capricho de los monarcas, y habremos salvado la patria y
habremos hecho indispensable la República.
Electores:
calma, tranquilidad, orden, respeto a todos los derechos, apoyo a toda
autoridad legítima; ejercicio pacífico de todas las libertades; observancia
escrupulosa de la moralidad pública; horror al criminal que ataque el orden
cubriéndose con apariencias tribuno; mucha madurez política, y cuando se
convoquen las Constituyentes, enviad diputados que digan: queremos salvar la
república, porque todos la hemos conquistado con nuestro valor; queremos
conservar la república, porque todos la hemos merecido por nuestra prudencia.
Salud
y fraternidad.
Madrid
17 de noviembre de 1868.
Presidente,
José María Orense. Vicepresidente, José Cristóbal Sorní. Blas Pierrad,
Estanislao Figueras. Emilio Castelar. Francisco García López. Roque Barcia.
Juan Pico Domínguez. Diego López Santiso. Ramón Chíes. León Taillet. José
Benito Pardiñas. Pedro Pallares. Cesáreo Martín Somolinos. José García Cabañas.
Santiago Gutiérrez. Valentín Corona. Diego María Quesada. Francisco Córdova y
López. Ángel Cenegorta. Eusebio Freixa. Adolfo Joarizti. José Guisasola.
Secretarios, Ceferino Tresserra. Antonio Orense. Julio Vizcarrondo. Federico Ordax
Avecilla.
FUENTE:
La Igualdad 18 de noviembre de 1868.
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