UNIDADES DIDÁCTICAS

En España el respeto es revolucionario. Fernando de los Ríos.

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LOS REINOS CRISTIANOS: RECONQUISTA Y MÉTODOS DE REPOBLACIÓN.

1. ¿RECONQUISTA? 
Reconquistar algo es volver a conquistar lo que se había perdido. Tradicionalmente se ha venido diciendo que la Reconquista fue el proceso de recuperación por los cristianos el territorio peninsular perdido en favor de los musulmanes, que se inició en 722 (batalla de Covadonga) y que terminó en 1492 (conquista de Granada).
Pero la Reconquista así entendida presupone dos condiciones previas: que los musulmanes hubiesen conquistado la mayor parte de las tierras de la Península y que los habitantes hipanogodos sintiesen, simultáneamente, que habían perdido tales tierras. La primera de tales condiciones puede aceptarse con más o menos reservas; la segunda, no, ya que la mayor parte de los hispanogodos siguieron siendo dueños de cuanto poseían, lo más que notaron fue el cambio de autoridades.
La ideas de la "pérdida de España" y, consiguientemente, de la necesidad de reconquistarla surgió lentamente; fue introducida en la España de los reinos cristianos por los mozárabes desplazados de Al-Andalus, sobre todo en el reinado de Alfonso II (791-840) quien, por influencia de esos mozárabes, se proclamó sucesor de los reyes visigodos y en cuya época tuvo lugar el descubrimiento del sepulcro del apóstol Santiago. No obstante, la idea de la pérdida de España no se consolidó hasta casi cien años después, durante el reinado de Alfonso III (866-911). 
En todo caso debe aclararse que:
- Si bien la Reconquista duró casi ochocientos años (722-1492) no fueron ocho siglos de continuos enfrentamientos ya que sumados todos los años que hubo guerras, no fueron ni cien, y en esos escasos cien años la guerra únicamente se producía durante el buen tiempo (primavera-verano).
- Los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes tuvieron las más de las veces un matiz más político que religioso.
- Las buenas relaciones y los matrimonios mixtos musulmanes-cristianos fueron de lo más habitual. 
En síntesis, la Reconquista es:
a) Periodos histórico que abarca del 722 (Batalla de Covadonga) a 1492 (conquista del reino nazarí de Granada por los Reyes Católicos). 
b) Proceso histórico de carácter político: Se trata de la conquista del territorio dominado por Al-Andalus y su organización en base a la creación de una serie de reinos.
c) Legitimación/justificación ideológica a la creación de una serie de reinos: la reconquista se presenta como un hecho histórico inevitable frente al usurpador musulmán, los reinos cristianos son los herederos del reino visigodo de Toledo, de ahí que se hable de "salvación o recuperación de España"

La historia de las "Españas" medievales es más que el viejo cliché de ocho siglos de lucha constante y agotadora, es también la historia de la repoblación y de la organización del territorio reconquistado, en donde se irán configurando las bases de los estados peninsulares. Por tanto, trataremos primero el desarrollo de los acontecimientos políticos que explican la conquista militar de Al-Andalus por parte de los reinos cristianos y, en segundo término la consolidación de esta conquista mediante la colonización y repoblación de dichos territorios.
2. LA RECONQUISTA: FASES, ÁMBITOS GEOGRÁFICOS Y NÚCLEOS POLÍTICOS EMERGENTES. 
2.1. Siglos VIII-X. Orígenes de los Estados cristianos.
A) El reino Astur-leonés.

Tras la desaparición del reino visigodo, sólo las zonas montañosas del norte de la península Ibérica se mantuvieron libres de la dominación musulmana. La integración de estas zonas en el reino visigodo, e incluso en el imperio Romano, ya había sido escasa. Y fue allí donde surgieron los primeros núcleos de resistencia frente al Islam, que entre los siglos VIII y X se limitarían a resistir o, a lo sumo, a realizar avances por zonas casi despobladas que no estaban sometidas directamente a los musulmanes.

El primer núcleo político cristiano que se construyó fue el astur, que surgió tras el triunfo obtenido sobre los musulmanes en Covadonga por el noble visigodo Pelayo al frente de los astures. Ese acontecimiento, acaecido en el año 722, fue considerado más tarde (siglo X) por los cronistas mozárabes como el inicio de la Reconquista.
La primera delimitación del reino fue obra de Alfonso I (739-757) que, aprovechando las luchas civiles en Al-Andalus, realizo una seria de ataques en la meseta del Duero, abandonada por estos últimos. Con ellas destruyó el sistema defensivo musulmán y creó una gran frontera despoblada (tierra de nadie) que atrajo a muchos mozárabes (cristianos en tierras del Islam). Esta nueva población que había vivido en tierras del Islam empezó a dar una nueva personalidad y legitimación al reino asturiano. 
Alfonso II (791-842)  intentó conectar con la desaparecida monarquía visigoda, lo que se tradujo en la imposición del Liber Iudiciorum, texto de época visigoda, como norma jurídica de su reino. Asimismo, durante su reinado se descubrieron en tierras gallegas los supuestos restos del apóstol Santiago, el cual se convertiría, poco tiempo después, en el emblema por excelencia al que se acogían los combatientes cristianos.


De especial importancia en la configuración del reino leonés es su frontera oriental: Castilla. Los musulmanes, que se abastecían sobre la tierra de paso, evitaban en sus incursiones hacia el reino de León los llanos despoblados del Duero, atacando desde su fuerte base de Medinaceli, en la parte oriental del reino leonés. La protección de esta zona fue realizada mediante la creación de condados repoblados por cántabros y vascos que mantenían cierta independencia del reino leonés y que más tarde terminarían por constituirse en una entidad política nueva: Castilla.

En el transcurso del siglo IX se fue desarrollando el proceso colonizador de las llanuras de la cuenca del Duero, que en aquellas fechas eran una especie de tierra de nadie, pues los musulmanes tenían establecida su frontera septentrional en la zona del Sistema Central. A finales de ese siglo, siendo rey de Asturias Alfonso III (866-951), los cristianos dieron un importante paso al llegar en su actividad colonizadora hasta los márgenes del río Duero. Y por ello, se pudo trasladar la capital de Oviedo a León, pasándose a llamar: reino de León.



B) Los Estados pirenaicos.
En la zona pirenaica van a surgir a comienzos del siglo IX una serie de condados y pequeños reinos que irán configurando lo que más adelante serán los reinos de Navarra y Aragón. 
De esta forma, en el norte de Navarra aparecerá el llamado reino de Pamplona, cuyo primer titular fue Íñigo Arista. No obstante, la dinastía que se consolidó en aquel trono fue la de Jimena, que con Sancho Garcés I (905-925), se extendió por las tierras llanas del alto Ebro, ocupando villas tan importantes como Calahorra, Nájera y Viguera. Su sucesor, García Sánchez I (925-970) incorporó al reino de Pamplona el condado de Aragón, al casar con la heredera de aquel territorio.
Más al este del reino de Pamplona, surgió el condado de Aragón, que en un principio estuvo bajo la tutela directa de los reyes francos. El primer conde fue Aznar Galíndez (809-839). Inicialmente, este condado comprendía un pequeño territorio montañoso, integrado por los valles de Hecho y de Canfrac y los condados de Sobrarbe, Ribagorza y Aragón, cuyo centro principal era la villa de Jaca. A mediados del siglo X, el condado de Aragón se incorporó al reino de Pamplona.



En el noreste de la península Ibérica, territorio que los francos denominaban Marca Hispánica por su carácter defensivo, es el territorio de la futura Cataluña, allí nacieron diversos condados (Barcelona, Girona, Besalú, Cerdaña,  Empúries, etc.), todos ellos situados bajo la órbita de los reyes francos, que estaban interesados en proteger su frontera meridional de los posibles ataques de los musulmanes. La alianza entre los “hispani” (término que utilizan las fuentes de la época para referirse a los habitantes del Pirineo oriental) y los carolingios se tradujo en importantes éxitos militares, como la conquista de Girona (785) y, sobre todo, la de Barcelona (801), empresa en la que intervino Ludovico Pío, un hijo del emperador franco Carlomagno.



El más importante de estos condados fue el de Barcelona. Y la figura más destacada del siglo IX fue el conde Vifredo (873-898), quien logró unificar en su persona diversos condados e impulsó la actividad colonizadora en la plana de Vic. A finales del siglo X tendría lugar un acontecimiento decisivo para el futuro de este condado, cuando el conde Borrel II (948-992), aprovechando el fin de la dinastía carolingia, dejó de prestar el homenaje que habían rendido sus antecesores a los reyes francos. Ese acontecimiento ha sido considerado el punto de partida de la independencia política de Cataluña.
El siglo X supone, en general, para todos estos reinos cristianos del norte peninsular un momento de paralización en las conquistas, debido a la gran fuerza militar que por esas fechas tenía al-Andalus, con Abderramán III y sobre todo cuando Almanzor estuvo al frente del ejército cordobés.
Sin embargo, a comienzos del siglo XI, a raíz de la muerte de Almanzor (1002) y, sobre todo, con la crisis del Califato de Córdoba (1035), se inicia una nueva etapa en la expansión de los reinos cristianos. El cambio de coyuntura fue aprovechado por el reino menos afectado por las agresiones de Almanzor, que era el reino de Navarra. Con Sancho Garcés III (1004-1035), conocido como el Mayor, el reino de Pamplona logró el mayor apogeo de toda su historia, pues incorporó, por el este, los condados de Sobrarbe y Ribagorza, al tiempo que por el oeste se hizo con el País Vasco. Además, este rey añadió a sus dominios el condado de Castilla, por herencia de su esposa. Paralelamente Sancho III mantuvo estrechos contactos con la cristiandad europea, siendo un rey europeizador: promotor del incipiente Camino de Santiago, introductor de la reforma cluniacense y del románico. Sin embargo, su labor será efímera, pues a su muerte, su herencia se repartió entre sus hijos: García recibió Navarra, Ramiro heredó Aragón y Castilla fue para Fernando. Nacen, de esta manera, las principales entidades territoriales que se mantendrán a lo largo de la Edad Media.
2.2. Siglos XI-XII. Avances y retrocesos.
A) Castilla-León (siglos XI y XII)
El año 1035 supone un cambio de rumbo en el proceso de la Reconquista. Se inicia una importante actividad conquistadora por parte de los reinos cristianos frente al, cada vez más fragmentado, poder político de Al-Andalus, que vivía por estos años bajo la fragmentación política en la etapa denominada de los reinos taifas.
Los primeros y mayores avances tuvieron lugar en el occidente peninsular. Fernando I (1035-1065), primer monarca que utilizó el título de rey de Castilla, conquistó diversas villas del norte de Portugal, entre ellas Coimbra. Pero el éxito más importante fue la conquista llevada a cabo por Alfonso VI (1065-1109) en 1085, de la ciudad de Toledo, así como de buena parte del valle del Tajo. A raíz de aquel triunfo, que trajo consigo la restauración de la diócesis de Toledo, el monarca adoptó el pomposo título “emperador de toda España”. Por esas mismas fechas, el noble castellano Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como el Cid Campeador, después de ser desterrado de sus tierras castellanas por Alfonso VI, ocupó amplios dominios de los musulmanes en la zona mediterránea, incluida la ciudad de Valencia.
La toma de Toledo por Alfonso VI y la consiguiente presión militar, así como la presión tributaria (pago de parias) a la que se vieron sometidas las taifas, hizo que el rey musulmán de Sevilla pidiera ayuda al poderoso estado que los almorávides habían creado en el norte de África. De esta forma, los almorávides desembarcan en Algeciras y tras la victoria de Zalaca (1086) y Uclés  (1108) consiguen recuperar gran parte de los territorios que habían caído en manos de los reinos cristianos a lo largo de los últimos cincuenta años, a excepción de la ciudad de Toledo, que resistió.

A la muerte de Alfonso VI se produjo un periodo de inestabilidad política del que sacó provecho Enrique de Lorena, noble francés al servicio del rey y casado con una de sus hijas. Enrique gobernaba Portugal, como representante del rey de Castilla y León con el título de conde. Progresivamente el conde portugués empezó a actuar de forma autónoma respecto al rey de León y su hijo, Alfonso Enríquez, empezó a titularse rey de Portugal a partir de 1128.
Alfonso VII, nieto de Alfonso VI gobernó el reino de Castilla-León entre 1127-1157, periodo de que sirvió para reanudar las expediciones militares en territorio islámico aprovechando la decadencia del Imperio almorávide. A su muerte Castilla y León se dividieron, siendo de nuevo reunificados en 1230.
Por esas mismas fechas, surgieron en los reinos de Castilla y León las primeras órdenes militares hispánicas: las de Calatrava, Alcántara y Santiago, que realizarían una importante labor, tanto militar como colonizadora.
B. El reino de Aragón y los condados catalanes.   
El reino de Aragón, cuyo primer monarca fue Ramiro I (1035-1063), se extendió en dirección sur, hacia la zona del Prepirineo. A finales del siglo XI, el monarca aragonés Pedro I (1094-1104) incorporó a sus dominios las localidades de Huesca (1096) y Barbastro (1100). De esa forma, el reino de Aragón, hasta entonces limitado a una pequeña zona pirenaica, incorporó un territorio mucho más extenso, la denominada Tierra Nueva. Por su parte, los condes de Barcelona rebasaron el límite de la llamada Cataluña Vieja, procediendo a repoblar diversas comarcas al sur del río Llobregat. Los éxitos más notables los logró Ramón Berenguer II (1076-1082), quien a finales del siglo XI conquistó el campo de Tarragona y la ciudad del mismo nombre, cuya diócesis fue restaurada.
No obstante, el monarca aragonés Alfonso I (1104-1134), protagonizó en las primeras décadas del siglo XII una gran ofensiva sobre la zona del valle medio del Ebro. La ciudad de Zaragoza, tras un duro cerco, pasó a poder cristiano (1118), así como otras muchas localidades próximas, entre ellas Calatayud, Tudela y Daroca.

Ramón Berenguer IV (1131-1162), rey de Aragón, incorporó a sus dominios el bajo valle del Ebro. Entre los hitos de aquellas victoriosas campañas destaca la toma de Lleida (1149). Más tarde, Alfonso II de Aragón entrará en Teruel (1171).
En 1150 se produce un hecho de especial relevancia: La unión de Cataluña y Aragón y la constitución de la Corona de Aragón mediante el casamiento de los herederos de ambos reinos, su hijo Alfonso II (1162-1996), fue el primer rey de la Corona de Aragón.
Por tanto, a mediados del siglo XII  confluyen varios acontecimientos importantes que explican el cambio de coyuntura: Alfonso VII se coronó emperador confirmando la hegemonía de Castilla, el matrimonio de Petronila y Ramón Berenguer IV supone la unión definitivamente de Cataluña y Aragón, Portugal se independiza con Alfonso I, y Navarra se restaura como reino independiente (aunque no participa en la Reconquista al quedar bloqueada). La formación de este nuevo orden político en la España cristiana coincidirá con la decadencia de los almorávides. 
Además, los reyes de Castilla y Aragón firmaron tratados de reparto (Tudillén, 1151; Cazorla, 1179), en los que se asignaban los territorios de Al-Andalus que cada uno de ellos debía conquistar en el futuro. De esta forma, se reanudó el avance militar de los cristianos hacia el sur de la Península.
   No obstante, la llegada de los almohades a mediados del siglo XII, que se presentaban como los herederos de sus antecesores almorávides en el norte de África, supuso un nuevo freno al avance cristiano. En el año 1146, los almohades cruzan el estrecho y, a lo largo de la segunda mitad del siglo XII, consiguen recuperar gran parte del Al-Andalus almorávide (la frontera se situó en el valle del Tajo y el delta del Ebro). La victoria en la batalla de Alarcos (1195) supuso el momento más glorioso para los almohades al derrotar a los ejércitos de Navarra, Castilla y León.

2.3. Siglo XIII. El impulso definitivo.
Sin embargo, los almohades fueron un poder más débil que los almorávides. Por eso, muy pronto, en 1212, Alfonso VIII, al frente de una coalición cristiana, venció a los almohades en las Navas de Tolosa. No sólo significo el hundimiento del imperio almohade, sino que abrió definitivamente a los cristianos las puertas de la que quedaba de Andalucía. En unas pocas décadas, una buena parte de las tierras que habían constituido el corazón de la España musulmana, entre ellas el valle del Guadalquivir, pasaron a poder cristiano.
A) Castilla-León y Portugal.
El rey de León Alfonso IX aprovechó el éxito de las Navas de Tolosa para incorporar a sus dominios Cáceres (1227), así como Mérida y Badajoz, ambas ocupadas en 1230. Pero el progreso más espectacular fue el que llevó a cabo Fernando III, rey de Castilla y León desde el año 1230, pues todo el valle del Guadalquivir pasó a integrarse en sus reinos. En un primer momento conquistó el alto Guadalquivir y la ciudad de Córdoba (1236).   También, pasó a formar parte de los dominios castellanos el reino de Murcia. En este caso apenas hubo operaciones militares, pues lo esencial se consiguió mediante el pacto que el infante Alfonso, hijo de Fernando III, firmó con el dirigente musulmán de Murcia.
No obstante, el suceso de mayor calado fue la toma de Sevilla (1248), que exigió un duro cerco, tanto por tierra como por vía fluvial. Y será Alfonso X el Sabio (1252-1284) quien complete el dominio de la Andalucía Bética al incorporar la ciudad de Cádiz (1262).
Por su parte, el reino de Portugal, con Sancho II, llega a la desembocadura del río Guadiana, límite puesto en el Tratado de Sabugal (1231).

B) La Corona de Aragón.
El primer logro importante de Jaime I (1213-1276) fue la conquista de las islas Baleares, que fue ante todo un éxito de la marina catalana. El siguiente paso fue la ocupación del reino de Valencia, tarea que exigió varios años de lucha y que culminó con la entrada en la ciudad de Valencia en 1238, después de un largo asedio. La última conquista importante fue la de Alzira (1245), completando, de esta forma, las zonas asignadas en los Tratados de Cazorla (1179) y Almizra (1244).


2.4. Siglos XIV y XV. La España de los cinco reinos.
Desde finales del siglo XIII no se producen avances significativos en la Reconquista, no concluyéndose hasta 1492 con la toma de Granada por los Reyes Católicos. Durante ambos siglos la Península estará repartida entre cinco entidades políticas: Portugal, Navarra, Castilla, la Corona de Aragón y el reino musulmán de Granada.

3. MÉTODOS DE REPOBLACIÓN.
* Es interesante la clasificación que aparece en el libro de texto. 5.1. Las formas de ocupación: la repoblación, pág. 44. 

Siglo
Ámbito geográfico  Sistema
Modelo de tenencia y explotación de la tierra.
VIII-X
Hasta el río Duero / Pirineos (Plana de Vic)  Sistema de presura
Ocupación de zonas despobladas por colonos libres a los que se les cede la tierra (presura) Mediana Propiedad.
XI-XII
Hasta el Sistema Central-río Tajo /Valle del Ebro. S
Sistema concejil
Territorios divididos en Alfoces (término municipales) de cada Concejo (municipio) con repartos de mediada propiedad entre los habitantes. También cada municipio tiene sus tierras del común y de propios para el propio municipio. Cartas pueblas (documento de reparto de tierras).
1ªmitad del XIII
Guadiana medio y territorio de La Mancha.
/ Teruel y norte de Castellón
Órdenes Militares
Las Órdenes Militares situadas en la frontera frente a Al Ándalus obtienen extensos territorios para administrarlos, precedente de los latifundios.
2ª XIII y 1 XIV
Valle del Guadalquivir /Litoral sur levantino
Repartimientos
Grandes lotes de tierra (repartimentos, donadíos..) para Órdenes militares, nobleza o el propio rey.

La Reconquista no fue solamente confrontación bélica; supuso también una ocupación y una colonización del territorio, es decir, una repoblación. En palabras del medievalista J.A. García de Cortázar "la repoblación permitió el control del espacio recuperado”. El sistema de repoblación puesto en práctica varió mucho de unas zonas a otras y ello dependió de las circunstancias, las necesidades y de la amplitud en el tiempo de dicho proceso que hizo evolucionar estas prácticas. El proceso presenta cuatro grandes etapas y modelos:


a) Repoblación de tipo monacal (siglos VIII-XI). Repoblación del valle del Duero y Plana de Vic.

Alfonso I repobló los valles de Cantabria con mozárabes procedentes de las tierras del Duero. Más tarde, cuando las fronteras del reino alcanzaron dicho río (con Alfonso III), fue preciso ocupar grandes extensiones despobladas con pobladores del norte y mozárabes huidos de Al-Andalus. En un principio, esta repoblación tuvo un carácter espontáneo y fue realizada por nobles, monjes o grupos de campesinos. Pero, desde mediados del siglo IX, la repoblación adquirió un carácter oficial, debido a que solía efectuarla el propio monarca o algún noble que actuaba en su nombre. El proceso repoblador dio lugar a la creación de un importante sector de campesinos que poseían sus propias parcelas de tierra, los llamados “pequeños propietarios libres”. Pero, a la larga, se impusieron las grandes propiedades, ya fueran de los grandes magnates nobiliarios o de las instituciones eclesiásticas. Eso explica que en la cuenca del Duero hubiera muchos campesinos dependientes, denominados en las fuentes de la época “júniores”, “collazos” o “casatos”. Por otra parte la colonización de las llanuras del Duero posibilitó que el reino astur-leonés, hasta entonces inmerso básicamente en la actividad ganadera y forestal, adquiriera una dimensión agraria, pues los cultivos principales de las zonas repobladas eran los cereales.

   En el noreste peninsular se efectuó, en las últimas décadas del siglo IX, la repoblación de la plana de Vic, y de otras comarcas próximas. Los colonizadores procedían a la aprisio, término latino que aludía a la ocupación y puesta en cultivo de la tierra. Esa colonización la protagonizaron tanto magnates nobiliarios como monjes y labriegos. Los repobladores que participaron en este proceso procedían, en su mayor parte, de los llanos de Urgell y de la zona de Cerdeña. Al mismo tiempo, se restauró la diócesis de Vic y se fundaron en este territorio diversos monasterios, de los cuales el más importante fue, sin duda, el de Santa María de Ripoll.

b) Repoblación de tipo concejil (2ª mitad del XI y 1ª del XII). Del Duero al Tajo.
Años más tarde, los reinos de Castilla y León, procedieron a la repoblación del territorio situado entre el río Duero y el Sistema Central, al que se denominaba las Extremaduras. Allí se establecieron colonos originarios de las tierras situadas al norte de este río. La repoblación de este territorio, fue fundamentalmente “concejil”. Los municipios fronterizos (Salamanca, Ávila, Segovia, etc.) recibieron privilegios por los que se convertían en entidades semiautónomas, que disponían además de un extenso territorio (llamado “alfoz”), cuya roturación y cultivo confiaban a hombres libres, de acuerdo con lo estipulado en sus fueros.
La repoblación de los valles del Tajo y del Ebro tiene una peculiaridad. Eran zonas muy pobladas y en donde permanecerá una abundante población mudéjar. Y a ellos acudieron, también, los mozárabes perseguidos y expulsados por los almorávides tras la expedición de Alfonso I el Batallador.



c) Repoblación con Órdenes Militares (mediados del XII a principios del XIII). Valle medio del Guadiana y el Turia.

A finales del siglo XII, las órdenes militares fueron las encargadas, favorecidas por la corona, de repoblar los territorios fronterizos. Así las órdenes del Temple y del Hospital se asentaron de las montañas de Teruel y la zona del Maestrazgo; las de Calatrava, San Juan y Santiago se ocuparon de la Meseta Sur; y la de Alcántara fue la protagonista en la zona extremeña.




d) Repoblación nobiliaria (siglo XIII), Andalucía (Guadalquivir) y Murcia.
Por último, a lo largo del siglo XIII, Andalucía y Murcia fueron repobladas por catalanes, aragoneses, pero sobre todo, por castellanos. La alta nobleza, las órdenes militares y la Iglesia recibieron extensos donadíos. En este caso, los grandes lotes entregados y la escasez de medios humanos ocasionaron un poblamiento lento y un triunfo del latifundio. Se perfilaron así los rasgos de la estructura agraria y social de gran parte de la mitad sur de la Península. Al mismo tiempo se organizaron poderosos concejos en torno a las ciudades, en los que se repartió la tierra entre sus pobladores, por medio de los llamados heredamientos.



Dentro de estas etapas debe considerarse un elementos diferencial: los Estados occidentales repoblaron tierras que estaban vacías mientras que los orientales repoblaron zonas que tenían una fuerte población musulmana. 

ETAPAS DE LA PRESENCIA MUSULMANA EN ESPAÑA: AL ANDALUS. EL REINO TAIFA DE TOLEDO.

A principios del siglo VIII los árabes-musulmanes, que ya dominaban todo el norte de África, iniciaron la conquista de la Península Ibérica, puente de entrada a Europa. La debilidad de los visigodos les permitió apoderarse fácilmente del territorio peninsular, donde crearon un estado que recibió el nombre de Al-Andalus y que se mantuvo durante ocho siglos, desde el año 711 hasta 1492.
1.1. CONQUISTA Y EXPANSIÓN ISLÁMICA. 
La invasión de Península por los musulmanes estuvo relacionada con la extensión de su poder por el norte de África, iniciada al ocupar Egipto entre 640 y 642. En los años siguientes, los árabe-musulmanes liquidaron la presencia bizantina en Libia y Túnez e impusieron su dominio a las tribus del Magreb.

La conquista árabe-musulmana de la Península Ibérica comenzó en el año 711. Dos fueron las razones principales de esta invasión:
- El Estado visigodo padecía una profunda crisis por los continuos problemas sucesorios de la monarquía electiva. Las luchas entre nobles que aspiraban a la corona provocaron una fuerte inestabilidad política y debilitaron el poder militar.
- El ímpetu expansivo del islam, que, en algo menos de un siglo (632-700), había conquistado un extenso territorio que comprendía desde el Magreb hasta el Imperio persa.
La conquista puede dividirse en dos fases:
a) Primera fase (711-716). En abril de 711, un ejército de 12.000 bereberes, al mando de Tariq, lugarteniente del gobernador árabe Muza, cruzó el estrecho de Gibraltar. Dos meses después, habida cuenta de la debilidad del Estado visigodo, derrotó al rey visigodo Don Rodrigo a orillas del río Guadalete. En los años siguientes, hasta 716, árabes y bereberes se aseguraron el dominio del territorio peninsular a través de pactos de capitulación con los nobles visigodos. Muchos de estos aceptaron someterse a los invasores mediante la firma de pactos económicos que les garantizaban el mantenimiento de buena parte de sus propiedades, así como su estatus social y religioso.
b) Segunda fase (716-732). Desde 716 la conquista se hizo más dura y comportó la conquista de las tierras próximas a los Pirineos y la Septimania. En el año 732 los musulmanes fueron derrotados por Carlos Martel en Poitiers en su intento de expansión a costa del reino franco. Del mismo modo, la hostilidad de vascos, cántabros y astures, así como la accidentada orografía del terreno hizo desistir a los musulmanes de su conquista, perfilándose como frontera de sus dominios la cordillera Cantábrica y los Pirineos. Así el despoblado valle del Duero se convirtió en una “tierra de nadie”, que servía de frontera entre Al-Andalus y los pequeños reinos cristianos del norte peninsular.

1.2. EL EMIRATO DEPENDIENTE (711-756). 
Entre 711 y 756, Al Andalus fue un valiato, esto es, una provincia del califato de Damasco dirigida por un valí (gobernador).  En este período, Córdoba se convirtió en la capital política de Al-Andalus. Los aspectos más relevantes de esta primera fase fueron: la continuación de la expansión hasta el 732 con la derrota en Poitiers, los primeros enfrentamientos internos entre las principales facciones de la aristocracia árabe (qaysíes y yemeníes) y los conflictos con los bereberes (musulmanes pero no árabes) quejosos de la discriminación a que los sometía la minoría árabe. El malestar bereber, tanto en el norte de África como en Al-Andalus giraba en torno a dos problemas: los elevados impuestos y la adjudicación de las peores tierras a los bereberes, ambos fueron la causa de sucesivas revueltas e inestabilidad.

El acontecimiento que pone fin al periodo es el cambio político sucedido en el mundo árabe-musulmán en el 750: la caída de la dinastía de los Omeya en Damasco  y su sustitución por la dinastía de los Abasíes. El único miembro superviviente de la dinastía derrocada, Abd al-Rahman (Abderramán) huyó a Al-Aldalus, se adueñó del poder y proclamó un emirato independiente, que sólo acataba la autoridad religiosa del califa, ahora residente en Bagdad.
¿Cómo pudo establecer un régimen nuevo recién llegado? ¿De quién obtuvo respaldo Abd al-Rahman al llegar para ser aceptado? De tres grupos enfrentados con el poder preexistente: los sirios (llegados para contener las revueltas bereberes) ya que los Omeyas era una familia siria, de los yemeníes (enfrentado a los qaysíes) y de parte de los bereberes, un nuevo poder abría esperanzas de cambio a estos grupos.

1.2. EL EMIRATO INDEPENDIENTE (756-929).
Abd al-Rahman I fundó el Emirato de Córdoba, independizándose política y administrativamente del Califato de Damasco, aunque mantuvo con el mismo una unidad religiosa y cultural. Para consolidar el nuevo Estado andalusí y afianzar su poder se formó un sólido núcleo de fieles que ocuparon los cargos públicos, se corrigió la organización administrativa y se reorganizó la recaudación de impuestos. El aumento de la recaudación permitió, a su vez, la creación de un ejército mercenario y permanente compuesto por tropas de todas las etnias más un núcleo de esclavos extranjeros, este ejército realizó aceifas o expediciones militares de castigo contra los reinos cristianos del norte.
Pero este fortalecimiento del Estado islámico se encontró con dos limitaciones, una militar,  la organización centralizada generó el recelo de los gobernadores militares de los territorios fronterizos (Tugur ). Las revueltas de Zaragoza, Toledo y Mérida en tiempos de Hakam I (796-822) son la mejor expresión.  Por otro lado,  los problemas sociales con la población muladí y mozárabe, por el aumento de la presión fiscal y el empeoramiento de las relaciones entre cristianos y musulmanes (acentuación del proceso de islamización).

La inestabilidad política, la creciente debilidad del poder central y el avance cristiano hicieron necesario un cambio de rumbo en la historia de Al-Andalus que llegaría con el Califato.

1.4. EL CALIFATO DE CÓRDOBA (929-1031).
El advenimiento al poder del emir Abd al-Rahman III (912-961) provocó un cambio en la dinámica política anterior que amenazaba con la disgregación de Al-Andalus. En veinte años consiguió someter todo el territorio andalusí y frenar el avance cristiano por la meseta norte.


En 929, tras eliminar la oposición de sus enemigos internos, rompió los vínculos con Bagdag y se proclamó califa, es decir, jefe religioso y príncipe de los creyentes. Abderramán III trabajó en dos aspectos fundamentales: la pacificación del territorio (someter los tugur de Badajoz en 930 y Toledo en 932) y, de nuevo, en el fortalecimiento de la estructura del Estado en los aspectos fiscal, político y militar. Se reorganizo la recaudación fiscal y centralizó su gestión, en la administración política creó una aristocracia palatina muy vinculada a su persona y dirigida por una hachib (especie de primer ministro o jefe del gobierno) y visires (secretarios o ministros) y, por último, los impuestos financiaron un ejército mercenario de bereberes y esclavos. De este modo, se inauguró el Califato de Córdoba, la etapa más brillante de la historia de Al-Andalus, en especial durante el reinado de Al-Hakam II, hijo y sucesor de Abderramán III.
La última etapa del Califato la encarna la figura de Almanzor (versión castellanizada de Al-Mansur bi-Allah – “el victorioso por Dios”) que consiguió monopolizar el poder bajo el califato nominal de Hisham II y establecer una dictadura militar basada en los éxitos militares (razias) contra los reinos cristianos (Barcelona y Santiago). Su autoridad garantizaba el orden y equilibrio entre árabes, bereberes y eslavos, pero a su muerte (1002), su hijo Abd al-Malik no supo mantener la misma línea y murió prematuramente en 1008. 



Las tensiones entre las distintas etnias y territorios provocaron que el califato se disgregara en diversos reinos taifas en el año 1031.

1.5. LOS REINOS TAIFAS (1031-1090). 
En 1031, se formalizó la desaparición del Califato de Córdoba y culminó el proceso de formación de los reinos de taifas, Estados independientes (Sevilla, Córdoba, Badajoz, Toledo, Zaragoza, etc.), muchos de los cuales tuvieron una existencia efímera. 
Este mapa político tan fragmentado refleja las profundas divisiones étnicas y políticas de la sociedad andalusí Esta situación debilitó Al-Andalus y fue aprovechada por los reinos cristianos, que pasaron de la colaboración puntual a la exigencia del pago de parias a cambio de su protección, estos tributos reforzaron el poder militar cristiano y el avance territorial  que llevó a la ocupación de Toledo (1085) por Alfonso VI de Castilla. Ante la amenaza del creciente expansionismo cristiano algunas taifas (Sevilla, Badajoz, Granada, etc.) buscaron la ayuda de los almorávides.


1.6. LA UNIFICACIÓN ALMORÁVIDE (1090-1145).
Los almorávides eran bereberes del norte de África que habían consolidado un poder importante en la zona. Su islamismo estaba caracterizado por un rigorismo excesivo y la profesión de los principios más estrictos del islam. En 1086, al mando de Yusuf ibn Tasfin comienzan su ayuda a las taifas y la expansión por Al-Andalus frenando a los castellanos en Sagrajas, Consuegra y Uclés. Su avance fue frenado en Valencia (conquistada por el Cid en 1094) y en Zaragoza (conquistada en 1110 y arrebatada en 1118 por Alfonso I el Batallador de Aragón). 
Las subidas de impuestos (pagar la guerra) y su ortodoxia religiosa terminaron generando revueltas internas, fragmentación política y la aparición de los segundos y más débiles reinos taifas, de corta duración (unos diez años). 

1.7. LA UNIFICACIÓN ALMOHADE (1146-1232).
Hacia el año 1147, tuvo lugar la invasión almohade, nuevo imperio islámico norteafricano, que ocupó Al-Andalus y amenazó gravemente a los reinos cristianos. La invasión almohade fue difícil y lenta, derrotaron en Alarcos (1195) a Alfonso VIII de Castilla pero la reacción cristiana se materializó en la victoria de Las Navas de Tolosa (1212), clave en el proceso de la Reconquista cristiana (pérdida de Córdoba en 1236) y que supuso  la división de los dominios musulmanes en los tres reinos (terceras taifas) de Murcia, Valencia y Granada.


1.8. EL REINO NAZARÍ DE GRANADA (1237-1492). 
Ante el avance cristiano fueron sucumbiendo todos, excepto el de Granada (1237-1492) bajo la dinastía árabe de los Nazaríes, que logró sobrevivir aunque sometido al vasallaje de Fernando III, rey de Castilla y León.


Dividido en tres circunscripciones o coras: Elvira (Granada), Rayya (Málaga) y Pechina (Almería), en sus dos siglos y medio de existencia la dinastía nazarí mantuvo la independencia gracias a su hábil gestión diplomática con los reinos cristianos y la llegada masiva de andalusíes procedentes de otros reinos que incrementaron su potencialidad económica. Finalmente, los Reyes Católicos emprendieron una guerra de conquista (1482-1492), que concluyó con la incorporación definitiva del reino de Granada a la Corona de Castilla.


1.9. EL REINO TAIFA DE TOLEDO.

La Taifa de Toledo o Reino de Toledo fue una de las taifas de Al-Ándalus que surge de la descomposición del Califato de Córdoba y finaliza con la conquista cristiana en 1085. El territorio de la Taifa de Toledo coincidía con las actuales provincias de Toledo, Ciudad Real, el norte de Albacete, Cáceres, Guadalajara (hasta la frontera con las tierras zaragozanas en Medinaceli), Madrid hasta la Sierra de Guadarrama y Cuenca. 
Toledo conservaba su aureola de haber sido urbs regia visigoda y tuvo gran importancia estratégica como capital de la Marca Media (tugur) pudiendo mantener frente a Córdoba una dependencia relativa hasta el comienzo del Califato. Independizada al producirse los conflictos internos de comienzos del XI y la consiguiente desaparición del Califato, Ismail al-Zafir fue el primer monarca hasta 1043, luchando contra los cordobeses para mantener la independencia. Luego reinó Al-Mamún de Toledo, quien solicitó la ayuda de Fernando I de León y Castilla contra el rey taifa de Zaragoza; veinte años más tarde, los toledanos, atacados por Fernando, compraron su tranquilidad mediante el pago de parias.

Después del enfrentamiento entre Valencia y Zaragoza, los primeros prefirieron pedir auxilio a Al-Mamún de Toledo antes que aceptar el control castellano, pero el rey de Toledo aprovechó para deponer al valenciano y anexionarse la taifa de Valencia en 1064, con la aquiescencia de Fernando I.
Con el apoyo del nuevo rey castellano leonés, Alfonso VI, Al-Mamún de Toledo ocupó la Taifa de Córdoba en 1075, arrebatándosela a la taifa de Sevilla. Al-Mamún se convirtió así en el rey más importante de la Taifa de Toledo, que en 1075 incluía Córdoba y Valencia. Ese mismo año fue envenenado en Córdoba y su nieto Al-Qádir asumió el gobierno de Toledo.
Al-Qádir en el 1075 se consideró lo suficientemente fuerte en sus dominios de Toledo, Córdoba y Valencia como para prescindir del apoyo castellano y expulsó de Toledo a los partidarios de la colaboración con los cristianos; pero estos provocaron una revuelta en Valencia, que se declaró independiente, así como las tierras cordobesas y  las provincias del sur de la región.
Al-Qádir se vio, pues, forzado a pedir nuevamente la ayuda castellana y con ella se enajenó el apoyo de una gran parte de la población. Después de perder el trono Al-Qádir lo recuperó en 1081 ya que Alfonso VI de León y Castilla decidió ayudarle a recuperar las tierras toledanas y valencianas a cambio de que Valencia fuese para Al-Qádir y Toledo para Alfonso.
Ante este acuerdo, los toledanos opuestos a la colaboración con Alfonso solicitaron el apoyo de los reinos taifas de  Zaragoza, Sevilla y Badajoz. Después de cuatro años de asedio Toledo se rendía pacíficamente, tras obtener garantías los musulmanes de que se respetarían sus personas y bienes. El 25 de mayo de 1085, Alfonso VI de León y Castilla entró en la ciudad. En aquel momento, el reino de León y Castilla, considerado el heredero del reino visigodo de Toledo, tenía la intención de recuperar para sí la capital del antiguo reino visigodo. La conquista de la ciudad de Toledo dio pie a la inversión de fuerzas entre cristianos y musulmanes en la península, lo que llevaría finalmente a la conquista almorávide de las taifas tras solicitar estas su intervención como último recurso ante el poderío cristiano.

LA CONFORMACIÓN DE HISPANIA: ROMANIZACIÓN Y CRISTIANIZACIÓN.

La presencia de Roma en la Península Ibérica se prolongó desde finales del siglo III a.C., momento en el que se inició la conquista, hasta principios del siglo V d.C., cuando el desmembramiento del Imperio romano favoreció el asentamiento en Hispania de algunos pueblos germánicos. Durante este tiempo, la Península fue un territorio más de un imperio que abarcaba las tierras que bordeaban el Mediterráneo.
1.1. LA CONQUISTA (pág. 20-21 del libro).
La sumisión de la totalidad de los pueblos indígenas (íberos o celtas) que poblaban la Península Ibérica duró aproximadamente doscientos años. La conquista se realizó en diversas etapas interrumpidas por períodos de inactividad bélica. La llegada de los romanos a la Península se produjo dentro del escenario general de las guerras púnicas, esto es, del enfrentamiento entre Roma y Cartago.
Para ver el contexto en el que se inicia la conquista romana hemos de hacer referencia a las guerras púnicas. En el Mediterráneo central habían surgidos dos  potencias expansivas: Roma y Cartago, el enfrentamiento entre ambas era inevitable.  La primera guerra (264-241 a. de C.) concluyó con la derrota cartaginesa y la conquista romana de Sicilia, Córcega y Cerdeña. Ante la obligación de pagar una fuerte indemnización a los vencedores, los cartagineses se replegaron hacia la Península Ibérica, intensificando su dominio, de ella extraían metales y hombres. Asdrúbal fundó Cartago Nova e hizo de ella su capital.
Pero Roma seguía extendiéndose y esto dio lugar a una segunda guerra púnica (218-201 a. de C.), el pretexto fue el ataque a Sagunto, ciudad aliada de los romanos por parte del cartaginés Aníbal, elegido jefe del ejército púnico en 220 a.C. y que proyectaba la conquista de Roma desde la Península Ibérica, atravesando los Pirineos y los Alpes. Este hecho motivó el desembarco de los romanos en Ampurias en el año 218 a. de C.
Podemos distinguir varias etapas en la conquista romana de la Península Ibérica.
a) La ocupación del litoral mediterráneo (218-170 a. de C.). La lucha contra Cartago.
Se enmarca en el contexto de la segunda guerra púnica. Tras el ataque a Sagunto por los cartagineses los romanos envían al general Escipión con el fin de impedir el paso de Aníbal hacia Roma. El desembarco del 218 a.C se convirtió en una guerra de 12 años, concluía  con la ocupación del litoral mediterráneo y los valles del Ebro y del Guadalquivir por los romanos.
Las zonas conquistadas están habitadas por pueblos que tenían un alto grado de desarrollo por el contacto con los pueblos colonizadores, esta situación hace que no opongan casi resistencia y que asimilen rápidamente las formas de vida romanas.
b) La conquista de la Meseta (170-29 a. de C.). Resistencia, sometimiento y guerras civiles.
La conquista de esta zona les costó mucho a los romanos, además de los accidentes geográficos, el nivel de desarrollo de estos pueblos es escaso y veían con hostilidad el modelo de civilización romana. Las guerras fueron durísimas y de los enfrentamientos con los romanos destacamos dos: Viriato y Numancia. Viriato fue un caudillo lusitano que mantuvo en jaque a los romanos gracias a la utilización de la guerra de guerrillas, al final fue asesinado en 139 a.C. por varios de sus capitanes sobornados por los romanos con la promesa de tierras y privilegios, su derrota abrió a Roma el oeste peninsular. En Numancia los celtíberos presentaron una resistencia feroz ante el sitio de los romanos, la llegada de Publio Cornelio Escipión puso a la ciudad en una situación límite, y sus habitantes prefirieron destruirla y suicidarse antes que caer en manos de los enemigos, era el año 133 a. de C.
En los últimos años de esta etapa Roma atraviesa varias guerras civiles, en la última dos generales victoriosos se disputan el poder de la República: Pompeyo y César, tras la muerte de Pompeyo, sus hijos serán derrotados por César en la batalla de Munda (Montilla, Córdoba), el 27 de marzo del 45 a. de C., quedando toda la zona centro y sur de la Península pacificada.
c) La pacificación de la franja cantábrica (29-19 a. de C.).
En estos diez años se desarrollan las guerras cántabras, dirigidas por el emperador Augusto. Roma perseguía la pacificación de estos pueblos, el acceso a los ricos yacimientos de la zona y que dejaran de atacar a las ciudades romanas. Casi toda la población acabó esclavizada. Roma fundó una serie de ciudades y campamentos militares para contener a estos pueblos: León (sede de la Legio VII Gémina), Astorga (Asturica)..., pero el control efectivo y total de los pueblos de la cordillera cantábrica y de los vascones nunca fue del todo efectivo.
1.2. EL PROCESO DE ROMANIZACIÓN.
La romanización es el proceso por el cual los habitantes de la Península van a abandonar sus formas de vida tradicionales (leyes, religión, lengua, usos y costumbres...) y van a adoptar las de los romanos, o bien se van a mezclar ambas. Este proceso, de manera general se llama aculturación, y aplicado a este momento histórico romanización.
Los factores que determinaron la romanización fueron diversos: la administración con la que controlaban el territorio, la construcción de nuevas ciudades y de la red de calzadas, la imposición del latín como lengua oficial, la extensión del derecho de ciudadanía, el sincretismo religioso (asimilación de los dioses indígenas al panteón romano), el comercio y la presencia del ejército romano en la Península.
Los elementos esenciales de la romanización fueron el ejército y los colonos. Las tierras de Hispania fueron lugar de llegada de militares veteranos y nuevos colonos en busca de la explotación de sus recursos naturales, contribuyendo de manera a las difusión de los modos de vida romanos y al proceso de romanización. No obstante, la romanización no fue un fenómeno homogéneo en todo el territorio, siendo el área mediterránea y el sur peninsular donde su influjo fue mayor.
Los pilares del proceso de romanización fueron:
1.2.1. La administración territorial.
a) La provincia. La conquista y pacificación del territorio suponía la organización y explotación de las tierras y de la población sometida a Roma. La provincia fue la unidad administrativa utilizada por Roma para controlar los territorios conquistados fuera de la Península Itálica. En los inicios del siglo II a.C. (197 a.C.) los romanos organizaron sus dominios en dos provincias: Hispania Citerior (valle del Ebro y costa levantina con capital en Tarraco) e Hispania Ulterior (Valle del Guadalquivir con capital en Corduba). Sobre esta base se asienta la división administrativa en conventus (distritos para facilitar el cobro de impuestos y el reclutamiento de soldados) y  la administración política, siendo dirigida cada provincia por un magistrado, existían provincias de dos tipos:  provincia bajo administración del emperador y senatoriales. Octavio Augusto reorganizó el territorio con una nueva división provincial en el año 27 a.C. en Tarraconensis (Tarraco), Bética (Corduba) y Lusitania (Emerita Augusta). En época de Diocleciano, la Hispania Citerior Tarraconense se dividió en tres, formando otras dos provincias nuevas: Gallaecia (capital Bracara) y Cartaginense (capital Cartago Nova). En el siglo IV (385 d.C.), la provincia Baleárica se desgajó de la Cartaginense.


a) La ciudad y el sistema urbano. La ciudad como núcleo político-administrativo y el sistema de ciudades (red urbana) como elemento cohesionador del territorio constituyen partes esenciales de la romanización. Son los andamios fundamentales del conjunto del fenómeno.  Hispania vio florecer una serie de ciudades, ya fueran antiguos municipios, revitalizados bajo eldominio romano (es el caso de Tarragona (Tarraco), Ampurias (Emporiom) o Cádiz (Gades), o nuevas “colonias” como Mérida (Emerita Augusta), León (Legio) y Zaragoza (Cesaraugusta), fundadas por los soldados imperiales o por la administración romana.
Existieron diversos tipos de ciudades: estipendiarias (ciudades indígenas conquistadas por la fuerza, obligadas a pagar estipendio (impuestos) y estar bajo control del ejército y magistrados romanos, eran la mayoría), federadas o libres (pactan su subordinación a Roma a cambio de no pagar impuestos ordinarios y mantener ciertos derechos y costumbres) y colonias (fundadas por los romanos para legionarios veteranos, funcionan al modo de la capital romana).
Las ciudades se convirtieron en el centro administrativo, jurídico, político y económico de la Hispania romana. Eran gobernadas por un Consejo (Curia), elegido por los ciudadanos entre la oligarquía local. Al principio no todas las ciudades tenían los mismos derechos (según  los tipos vistos) pero a partir del siglo I d.C. se concedió el derecho latino a todas las ciudades de Hispania y con Caracalla toda Hispania recibiría la ciudadanía romana a partir del año 212 con la promulgación de la Constituio Antoniniana.

c) Las calzadas (movilidad del ejército: control del territorio). El desarrollo de un amplio sistema de calzadas, que no sería superado hasta la Edad Contemporánea, favorece el intercambio comercial y la llegada de pobladores, ejércitos, comerciantes... las principales ciudades romanas estaban intercomunicadas entre sí (Vía de la Plata, que unía Emerita Augusta con Asturica Augusta, Astorga) y con Roma a través de la vía Augusta que iba paralela al litoral mediterráneo.

1.2.2. Organización económica y comercial.
De igual forma Roma impuso las estructuras económicas de su sistema; Hispania se convertía en una economía colonial, donde la mayoría de las actividades económicas se realizaban con la finalidad de abastecer a la capital del Imperio: explotación de minas, producción agraria, donde las tierras pertenecen al pueblo romano (ager publicus) o son repartidas entre colonos, soldados licenciados o indígenas sin tierras, constituyendo en ocasiones enormes latifundios en manos de la clase senatorial. 


Del mismo modo el comercio, la artesanía y la utilización de mano de obra esclava están al servicio del Imperio. La ciudad como centro de producción y de intercambio de mercancías y el uso de la moneda (denario de plata) son factores a tener en cuenta en el apartado económico. Por tanto, Roma moderniza la economía y explota los recursos de Hispania. El sistema económico se organizaba en torno a unas relaciones de producción de tipo esclavista.

1.2.3. Cambios en la organización social. 
Se asentó una estructura social basada en la formación de clases según su riqueza: una reducida aristocracia (senadores y caballeros) que poseían cargos, tierras y fortunas, una burguesía acomodada de negociantes y propietarios de villas agrícolas, y un numeroso grupo de trabajadores libres, campesinos y artesanos. Asimismo, los esclavos, privados de todo derecho, se generalizaron y fueron abundantes en el trabajo agrícola, minero y artesano. Paulatinamente la organización social prerromana, relacionada con lazos de sangre, grupo o tribu fue dejando paso a una sociedad centrada en el acceso a la riqueza y el derecho de ciudadanía.
1.2.4. Un nuevo marco cultural. 
La dominación romana introdujo en Hispania sus elementos culturales (lengua, derecho, religión, ideología) dando consistencia al proceso de romanización (proceso político, socioeconómico y cultural), es decir, a la adscripción del territorio hispano en el marco cultural romano. Las principales manifestaciones fueron:
- Latinización. El Latín, símbolo del poder romano (era el lenguaje de la política y el derecho) pronto se convirtió en la lengua utilizada por las élites indígenas hispanas. Su uso se extendió por todo el territorio pero especialmente en las zonas meridional y mediterránea, sustituyendo las lenguas prerromanas, de las que solo sobrevivió el vascuence. Algunos hispanos se destacaron por su uso literario e intelectual, Marcial, Séneca, Lucano, etc..
- El sistema jurídico romano: el derecho romano,  basamento todavía hoy de buena partes del ordenamiento jurídico de las sociedades actuales. La principal aportación es que el derecho romano no regulaba únicamente las relaciones privadas, sino que instaura un derecho público, cuyo núcleo es el derecho de ciudadanía, las instituciones y su funcionamiento. Enmarca los principios de justicia y convivencia dentro del Derecho.
 - Filosofía y pensamiento. Roma es la heredera el mundo griego, su expansión es la de la cultura grecolatina en sus elementos más pragmáticos, la filosofía convertida en política y la ética estoica en modelo de conducta.
- Arte. El legado artístico romano se manifiesta en numerosos monumentos de diferentes signo: edificios públicos ( foros, templos, teatros, circos, termas), obras de ingeniería civil (acueducto de Segovia, puente de Alcántara, murallas defensivas en Lugo o la red de calzadas) y esculturas y mosaicos (abundantes villas y palacios).
- Creencias religiosas. La religión romana, fruto del sincretismo etrusco y griego, tenía un carácter politeísta y un panteón de dioses donde destacaban la triada capitolina, formada por Júpiter, Juno y Minerva y que representaba el poder de Roma. Con la formación del Imperio se impuso el culto al emperador, la estimación de su poder como divino era un medio de control político-social. Roma respetó los cultos locales mientras no entraran en conflicto con los romanos, esa situación incremento el sincretismo religioso, fundiéndose sus divinidades con las indígenas. Roma hizo un uso político de la religión, era un medio de integración social, pero también de aceptación política en el caso del culto al emperador.
1.3. CRISTIANIZACIÓN.
Roma había importado cultos orientales (Cibeles, Isis, Mitra) y desde allí se extiende también el Cristianismo, una nueva religión que colisiona con el poder romano por tratarse de una religión monoteísta y no reconocer el culto a otros dioses, ni al emperador. Esta situación provocó la persecución de los cristianos por Roma, y los creyentes ejecutados pasaron a ser considerados mártires. Decio les obligó a elegir entre la apostasía o el martirio, Valeriano provocó la ejecución del obispo de Tarraco, san Fructuoso y Diocleciano protagonizó la persecución más duradera, extensa y cruel, con un elevadísimo número de mártires.
Los primeros impulsos cristianismo en Hispania son confusos, a parte de la consabida tradición-leyenda de la evangelización de Hispania a cargo del apóstol Santiago el Mayor (con la colaboración de San Pablo, y alrededor de la cual se construirá la ruta del Camino de Santiago) o la llegada de siete enviados (varones apostólicos) de San Pedro para evangelizar este territorio; la cristianización tiene fuertes influencias iniciales con el África romana. Su vehículo de expansión sería el elemento militar, la Legió VII Gémina a través de la Vía de la Plata y sus interconexiones con Gallaecia (Galicia) y Caesaraugusta (Zaragoza). Se han encontrado varios rasgos de influencia africana en el cristianismo español primitivo: la arquitectura de las primeras basílicas, el elemento militar y origen africano de los primeros mártires hispanos, e incluso características de la propia liturgia.
Los primeros datos documentados de la presencia del cristianismo en Hispania nos los da San Cipriano en el s. III d.C como las persecuciones que se produjeron durante este siglo dejando un panorama de expansión del cristianismo, cuya máxima representación fue el concilio de Elvira (Ilibris – cerca de Granada realizado ca. 305). Con esa base podemos afirmar que las regiones más cristianizadas fueron aquellas que habían sido más romanizadas.
Como ocurrió en el resto del Imperio, la situación del cristianismo cambió con la aprobación de los edictos de Milán (313 d.C) y Tesalónica (380 d.C); abriendo un camino que terminó por convertir al Cristianismo en la religión oficial del Imperio, situación de preeminencia y poder que contribuyó a la expansión y consolidación del cristianismo en la Península y a invertir los términos, ahora serán los movimientos heréticos que cuestionaban el enriquecimiento paulatino y el nuevo papel del cristianismo como una religión oficial los que serán perseguidos, entre ellos destaca el Priscilianismo (Prisciliano de Ávila), que arraigó en Galicia a finales del siglo IV con un programa de religiosidad extrema, igualdad de sexos y libre examen de los textos bíblicos. Prisciliano fue ejecutado por hereje en el 385 d.C.

   

CRONOLOGÍA AMÉRICA HISPÁNICA

CRONOLOGÍA EDAD MODERNA PENINSULAR



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CRONOLOGÍA REINADO DE LOS REYES CATÓLICOS

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CRONOLOGÍA SIGLOS XIII-XV

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CRONOLOGÍA EDAD MEDIA PENINSULAR SIGLOS VIII-XIII


CRONOLOGÍA AL-ANDALUS

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CRONOLOGÍA EDAD MEDIA PENINSULAR



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AUSENCIA

Chic@s es probable que no pueda ir al instituto hasta el viernes, para no perder el tiempo en clase es conveniente que vayáis leyendo los temas 1 y 2 del libro y su relación con el tema-guión y el resumen que tenéis el blog. Un saludo. 

TEMA 1. LAS "RAÍCES" HISTÓRICAS DE "ESPAÑA".

Aquí encontraréis todos los materiales del primer tema que vamos a desarrollar. Se titulará "Las raíces históricas de la España contemporánea I. Antigüedad y Edad Media

PENSAR HISTÓRICAMENTE

En el tema introductorio nos vamos a centrar en la comprensión de dos elementos básicos: el tiempo histórico y el conocimiento histórico. Reflexionar brevemente sobre ambos nos será de mucha utilidad a la hora de explicar y comprender los contenidos en clase.


"Pensar es clasificar", ordenador los contenidos para poder explicarlos. Dividimos la realidad histórica para hacerla comprensible.  


Fotocopias de clase. 



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Manuel Godoy (1767-1851)

Manuel Godoy (1767-1851): Nacido en Badajoz, y de carrera militar, comenzó su encumbramiento bien pronto, al servir, con poco más de veinte años, como guardia de corps en el palacio real, lo que le facilitó el contacto con el rey Carlos IV y la reina María Luisa. La caída de Floridablanca en 1792 y su sustitución por el conde de Aranda fueron intentos de hacer frente a los problemas derivados de las repercusiones en España de la Revolución francesa que no terminaron de satisfacer a Carlos IV, quien confió en Godoy para Secretario de Estado, en un claro intento de poner en el gobierno una persona de total confianza.
Godoy con uniforme de guardia de corps

La llegada de Godoy a la Secretaria de Estado se produce en un momento especialmente delicado para la Monarquía, en enero de 1793 es ejecutado Luis XVI en Francia, pariente de   Carlos IV. España había procurado por todos los medios contener este hecho. Tras él la guerra parece inevitable, y a ella hubo de enfrentarse Godoy, procurando, casi desde el principio, un arreglo de paz que se logrará finalmente en 1795 (Paz de Basilea), valiéndole el título de príncipe de la Paz. Desde entonces se consolida una actitud diferente respecto a Francia, llegándose en San Ildefonso (1796) a un tratado de alianza con el Directorio que hipotecará, en buena medida, la política española, y enfrentará, casi permanentemente, a España con Inglaterra, con quien ya al año siguiente entra en guerra. 
En el interior, Godoy no se enfrenta a una situación mejor. La Hacienda estaba cada vez más debilitada, y las diferentes iniciativas que se toman (donativos, anticipos a instituciones de comercio, empréstitos, vales reales) no llegan a encontrar la solución a los agobios financieros, sumándose a ello la ruina del Banco de San Carlos. Guerra y Hacienda determinan, de esta manera, un importante giro en el gobierno de la monarquía desde 1797. La fuerza de los hechos impone soluciones más ministeriales, y Godoy favorece la concentración de funciones gubernativas, no sólo en su persona, sino en diferentes instituciones de radio provincial y local, fundamentalmente las intendencias, con eliminación de las Juntas, que podían suponer algún obstáculo para esa cadena de mando. 
Debido a presiones del Directorio francés, Godoy es relevado del ministerio en 1798, sucediéndole Saavedra y Urquijo. Sin embargo, el escaso éxito de ambos hace que pronto se empiece a pensar de nuevo en él. Esta vez Godoy volverá, pero desde una posición más cómoda: deja en manos de Pedro Cevallos el cotidiano despacho, colocándole como secretario de Estado, mientras él, desde 1800, maneja los asuntos políticos sin un cargo específico; simplemente se ordean que las órdenes y despachos regios deban ser refrendadas por la firma de Godoy, además de exigir inmediata obediencia a sus mandatos a todas las autoridades y tribunales. Adquiere así un poder que asombra a todos los embajadores extranjeros. Desde octubre de 1797, en que se casó con María Teresa de Borbón, había entrado además ya prácticamente en la familia real, al anularse casi totalmente la pragmática de Carlos III que declaraba  inhábiles para la sucesión a los descendientes del matrimonio del infante don Luis, tio de Carlos IV y padre de María Teresa. Todo ello le permite a Godoy reforzar su posición al margen de antiguos apoyos, y especialmente del de la reina (a la que ya desprecia públicamente, en favor de su amante Pepita Tudó). Diferentes gestos, como el bautizo de su hijo con honores de infante, indica esta asimilación a la familia real.


Godoy según Francisco de Goya 
Cada vez más dependiente de los dictados franceses, se hipoteca en buena medida la política de Godoy por las acciones bélicas - guerra "de las naranjas" con Portugal, en 1801-, o en apoyos financieros a las acciones napoleónicas frente a Inglaterra que, a su vez, repercuten sobre la situación de la Hacienda española.
El cerco de Napoleón a la corte española culmina en 1807, al empezar a penetrar sus tropas en España, Godoy había entablado negociaciones secretas con el emperador, que incluían para él la cesión de un reino en el Algarve portugués. El príncipe de Asturias, futuro Fernando VII, y su camarilla, principales enemigos de Godoy en la corte, también habían tenido sus tratos con Napoleón. Se produce una serie de incidentes - prisión de Fernando y posterior perdón, salida de la familia real hacia Francia, abdicaciones - que acaban definitivamente con la carrera política de Godoy. Se retiró a Italia con los reyes, y luego a París, siendo rehabilitado en 1847 por Isabel II, pero muriendo en 1851 sin volver a España.                                                                                                    
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