UNIDADES DIDÁCTICAS

En España el respeto es revolucionario. Fernando de los Ríos.

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UN CARRUSEL CONSANGUINEO: ENLACES MATRIMONIALES Y RAZÓN DE ESTADO.

Concedamos a Carlos V un 50% de sangre española: era hijo de Juana de Castilla, hija a su vez de los Reyes Católicos, Fernando e Isabel. Pero por las venas del emperador corría un cuarto de sangre borgoñona y otro cuarto de sangre Habsburgo, pues su padre, el archiduque Felipe el Hermoso, era hijo del emperador Maximiliano de Habsburgo y de María de Borgoña, la heredera del Temerario. 

Con Felipe II, la mezcla se enriqueció, por decirlo de algún modo, con algunas pintas de sangre portuguesa: su madre, la emperatriz Isabel era hija del rey Manuel de Portugal y de... María de Castilla, otra hija de los Reyes Católicos, hermana de Juana, lo que significa que Carlos V se había casado con su prima hermana. 



 Estos matrimonios entre primos hermanos o entre tíos y sobrinas moldean realmente a toda la dinastía de los Habsburgo españoles, implicándose también en ellos los Habsburgo de Viena, los Borbones de Francia y la familia real portuguesa, entre otros. 

Felipe II, por ejemplo, se casó cuatro veces. El primer y cuarto matrimonios se hicieron con una prima hermana y una sobrina: primero, María Manuela de Portugal, hija de la hermana de Carlos V, Catalina, y del hermano de Isabel, Juan III. Doble parentesco en grado de primos hermanos, por lo tanto. También se casó con Ana de Austria , hija de María, la propia hermana de Felipe, y del emperador Maximiliano II de Habsburgo, sobrino a su vez de Carlos V. De este matrimonio procedía el futuro Felipe III, que como hemos visto recibió una dosis suplementaria de genes Habsburgo. Entretanto, Felipe II se había casado con la María Tudor y luego con Isabel (o Elisabeth) de Valois  hija de Enrique II y de Catalina de Médicis. De este tercer matrimonio nacieron dos hijasIsabel Clara Eugenia, que no tendrá descendencia de su unión con el archiduque Alberto, hijo de Maximiliano II y, por tanto, primo hermano de la propia Isabel Clara Eugenia. Y Catalina Micaela quien, por el contrario, tuvo un montón de hijos con su esposo, el duque Carlos Emanuel de Saboya.


Carlos V y Felipe II amaron mucho a las mujeres; ya los observadores de su tiempo resaltaron su gusto por los placeres del sexo. Badoaro no duda en escribir de Carlos V: "Allí donde ha ido, se le ha visto dedicarse a los placeres del amor con mujeres de toda condición". Es justo matizar que esto es cierto antes de su matrimonio y después de su viudedad (...) Antes de este matrimonio, Carlos tuvo, entre otras, una relación con  Juana van der Gheyst, perteneciente a una noble familia flamenca, con quien tuvo también una hija llamada Margarita. Tras la muerte de Isabel, la aventura más notable del emperador fue su relación con la alemana Bárbara de Blomberg, de la que nació Juan de Austria en la ciudad de Ratisbona, en 1545.

La sensualidad de Felipe II no fue menor que la de su padre y la representación del "rey-monje de El Escorial", la imagen que triunfa en la opinión más difundida sobre su persona, sólo corresponde a la última época de la vida del rey, superponiéndose a otras imágenes igualmente verídicas de los tiempos de su juventud y madurez. Podríamos rechazar los testimonios de sus enemigos más encarnizados (Guillermo de Orange, Antonio Pérez, etc.), pero no hay por qué dudar de las opiniones de los embajadores venecianos, espectadores mucho más objetivos. Badoaro afirma que el joven Felipe se veía muy atraído por las mujeres, Tiépolo que eran su divertimento preferido, Soranzo que gustaba aislarse con una mujer en una de las casas de campo que pertenecían a la Corona... Por ende, conocemos bien alguna de esas relaciones: la que tuvo con Isabel Osorio, noble castellana del ilustre linaje de los Rojas, dama de honor de la emperatriz y luego de sus hijas, cuando apenas contaba dieciséis años. o la que le unió a Eufrasia de Guzmán. El período de gran actividad amorosa de Felipe II corresponde a los años 1545-1554, tras la muerte de María Manuela, y los primeros tiempos de su matrimonio con Isabel de Valois tampoco estuvieron exentos de aventuras extraconyugales. 

Felipe III se casó una sola vez. Pero que nadie crea que faltó a la tradición: su matrimonio no transgredió el círculo familiar, pues su esposa, la archiduquesa Margarita de Austria, era la nieta de Fernando I, hermano y sucesor de Carlos V en el trono. ¡Milagro! Margarita sólo era prima de Felipe III en segundo grado y aportaba un toque exótico: la sangre bávara de su madre, María de Baviera. 


En cuanto a Felipe IV, primero se casó con Isabel (o Elisabeth) de Borbón -hija de Enrique IV y María de Médicis-, de quien nació tardíamente María Teresa, futura reina de Francia, discreta y olvidada esposa del Rey Sol, su primo hermano, pues Ana de Austria, esposa de Luis XIII y madre de Luis XIV, era a su vez hija de Felipe III de España. 

Para acabar de redondear la cuestión, Felipe IV acabó con su sobrina, Mariana de Austria, hija de su hermana María, que se había casado con el rey Fernando de Hungría. Los matrimonios que acabamos de reseñar, todos ellos en los límites del incesto, no colman la lista de uniones familiares de la dinastía de los Habsburgo españoles. 

La infanta Margarita María, hija de Felipe IV y Mariana de Austria, se unió con su primo, el emperador Leopoldo. Y Carlos II, último de la dinastía, se casó en primeras nupcias con María Luisa de Orleans, nieta de la infanta española y reina de Francia Ana de Austria. 


Como hemos visto, reyes y reinas de España, príncipes e infantas son los protagonistas de esta Internacional del trono en que la cama de reinas y princesas era el lugar de reunión obligado. Extraño y casi mórbido torbellino de abrazos concertados y controlados, de genes surgidos con excesiva frecuencia del mismo tronco. Y, a excepción de algunas aventuras felices, verdaderos regalos del destino (como el apasionado amor de Carlos V e Isabel de Portugal, o el de Felipe II e Isabel de Valois), privaron los tristes amores entre aquellos primos y primas, tíos y sobrinas, todos ellos (especialmente las mujeres) sacrificados a las estrategias matrimoniales de las cortes europeas, a los intereses de España, Austria, Portugal, Francia, Florencia o Baviera. 

La repetida mezcla, a lo largo de las generaciones, de la sangre de tres familias reales (la castellana, la portuguesa y la austríaca, a pesar de la irrupción circunstancial de algunos glóbulos franceses o florentinos, pues las reinas llegadas de Francia eran hijas de Médicis) sólo podía conducir al desastre. En efecto,¿cómo sorprenderse de aquellos naufragios biológicos que, en aquel Siglo de Oro, nos muestra la historia de la dinastía? Uno de ellos fue el lamentable don Carlos, concebido por dos jóvenes (el futuro Felipe II y María Manuela de Portugal), ambos púberes pero inmaduros, que todavía no habían cumplido los 17 años, por añadidura dos veces primos hermanos tanto por línea paterna como materna. Este don Carlos, que empezó en la vida acabando con su madre, muerta cuatro días después del parto, fue un ser desgraciado, sin duda perverso, que fue sacrificado a la razón de Estado en 1568, a la edad de 23 años. Otro ejemplo notable, también llamado Carlos, fue el del ocaso de la dinastía; el rey Carlos II, nacido de un viejo monarca que había frecuentado mil alcobas, hijo predilecto de Venus, y de su joven sobrina, ambos fruto de la letanía de uniones entre parientes muy próximos que, entre otros, el pincel de Claudio Coello nos legó con una imagen cruel. 

¿Cómo sorprenderse por la elevadísima mortalidad infantil de esas familias reales? Contrariamente a lo que cabe esperar por el tono social, era una mortalidad superior a la del patriciado urbano, de los artesanos o de los trabajadores. Y todo ello a pesar de las preocupaciones y protecciones, a pesar de las seleccionadas y bien alimentadas nodrizas, a pesar -o por causa- de los médicos, siempre presentes.

De 1527, año del nacimiento de Felipe II, a 1661, año en que Mariana de Austria dio a luz al futuro Carlos II, "las reinas o futuras reinas de España dieron al mundo 34 infantes o infantas... 17 de ellos, exactamente la mitad, no alcanzaron el décimo año de vida". También se podría precisar que 10 de esos 34 pequeños príncipes o princesas fallecieron antes de alcanzar el primer año de vida, lo que representa más de un 29 por 100. En aquella época, la mortalidad infantil se sitúa entre el 19 y el 22 por 100 en los pueblos de Mocejón (Toledo) y Chiloeches (Guadalajara), o en la ciudad de Cáceres; hagamos constar que el cálculo se ha hecho considerando todas las clases sociales, incluso las más pobres. Conste también que no consideramos los abortos. 

La pintura de la época no hace trampas. Es cierto que celebra la belleza o la fuerza cuando la encuentra en una persona real. Tiziano inmortaliza la altiva belleza de la emperatriz Isabel de Portugal. Felipe II respira fuerza en sus retratos juveniles, debidos a Antonio Moro, y conserva un aire orgulloso en el retrato ecuestre de Rubens. Sin embargo, el propio Tiziano produjo al desencantado Carlos V, ansioso a pesar de la victoria de la batalla de Mühlberg. Y, aunque Margarita de Parma o Isabel Clara Eugenia presentaban una imagen lozana, a partir de Felipe III se afirma la decadencia biológica de la dinastía. Los retratos de Velázquez son de una sinceridad desprovista de concesiones: pintó al delicioso Baltasar Carlos, fallecido en 1646 antes de cumplir los 17 años, y a María, la bella hermana de Felipe IV; pero los retratos de Felipe III y Felipe IV acusan la palidez del semblante, el decaimiento del rostro, el prognatismo, el belfo de los Habsburgo, aquel labio inferior de un geotropismo ineluctable.
 

Hay un retrato de la infanta Margarita María que se salva por el frágil encanto de la primera infancia,  pero las infantas embutidas en aquellos rígidos vestidos, basquiñas o vertugados, marcados por los aros, muestran unos rostros de los que ha escapado la vida. La reina Mariana, una Habsburgo ya agotada, sólo sabe ofrecer a Velázquez una expresión huraña, destrozada por el aburrimiento. 


Barthélemy Joly, un francés que llegó a la corte de Felipe III en Valladolid el año 1604 o 1605, vio castellanos de pequeña estatura, tez morena, piel seca, cabello oscuro y con una barba corta. No son esos los rasgos somáticos de nuestros príncipes y princesas. ¿Por qué sorprenderse, si no se trata de las mismas gentes? ¿Es necesario repetirlo? Aquellos hombres y mujeres eran muy poco españoles, a pesar de su progresivo enraizamiento en el medio castellano. ¿Qué sabemos de su modo de vivir y concebir el mundo? Eran conscientes de que estaban representando un papel, de que ocupaban un lugar excepcional en la sociedad de su tiempo; un lugar del que, sin ninguna duda, ellos mismos exageraban la importancia. 

Ya he hablado en otro libro de la gran parada nupcial que ofrecían a sus pueblos con motivo de sus esponsorios, cuyo sentido político era evidente. Según si la novia real procedía de Portugal, Francia o el Imperio, si llegaba a España por tierra o por mar, las regiones que recorría -atravesadas con una calculada lentitud por el impresionante cortejo real- eran distintas. Cuando el matrimonio era portugués, eran las tierras de Salamanca, Extremadura y Andalucía; las dos Castillas, cuando se trataba de alianzas francesas; Valencia y Cataluña cuando las desposadas eran austríacas. Entonces había alegres entradas en las ciudades visitadas, que se acompañaban de ceremonias religiosas, banquetes y fuentes de vino, comedias y mascaradas, justas, torneos y corridas de toros, todo ello en el marco de aquellas insólitas visitas, recordadas en las ciudades y pueblos de generación en generación. 



Bartolome Benassar, La España de los Austrias (1516-1700). Crítica, Barcelona, 2000.


INTRODUCCIÓN AL CONOCIMIENTO HISTÓRICO. HISTORIA DE ESPAÑA CURSO 2020-2021

Cuando la opacidad de la realidad histórica a estudiar se nos presenta insuperable, confusa y densa es bueno recordar un principio básico de la ciencia ilustrada, "pensar es clasificar", aunque no únicamente. Antes de comenzar a estudiar una materia conviene analizar las cuestiones que aborda, empezando por la noción de tiempo histórico y desglosar de manera sintética las principales temáticas desde las que enfocar nuestro conocimiento. Texto y esquemas. 

Para comprender las explicaciones es útil fragmentar la realidad histórica en varios ámbitos. 

HISTORIA ECONÓMICA 

¿Qué y cómo se produce? y ¿Cuál es la forma de distribuir la riqueza?

- Analizó el sector productivo más importante según riqueza generada (% renta nacional o PIB), población activa del mismo y las actividades económicas más importantes dentro del sector.
- Conocer el modo de producción, para ello analizo los tres factores productivos:
a) Fuerzas productivas. Los trabajadores y la división social del trabajo.
b) Materias primas (ej. carbón, petróleo) y fuentes de energía (el vapor..)
c) Capital: dinero derivado del beneficio de la producción o del comercio (ej. venta de esclavos del XVIII) y que vuelve a invertirse en nuevos negocios o se acumula por los propietarios de los medios de producción: Reproducción.
Importante: estudio de las relaciones de producción, es decir, la relación entre los trabajadores y las personas y grupos que controlan los medios de producción (la tierra en el XVIII o el capital (dinero derivado de los beneficios) en el XIX).
- Distinción producción-productividad.


-  Conocer los agentes económicos (en siglo XVIII privilegiados y no privilegiados y en el XIX empresarios (empresas), trabajadores y, con especial atención, el Estado y su sistema impositivo (de impuestos) y su legislación económica (proteccionista o librecambista).
- Analizar los determinantes de la oferta (producción) y la demanda-consumo (población y nivel de renta). El mercado y sus dimensiones: del mercado local-nacional al mercado global (globalización). 
- Ideas económicas de la época (Fisiocracia, liberalismo, socialismo).
- Análisis de indicadores económicos para ver si hablamos de un fenómeno económico coyuntural (crisis) o estructural (expansión del sistema económico capitalista).
- Conocer el sistema económico (capitalismo o socialismo) y sus características.
- Por último la distribución de la riqueza teniendo en cuenta la división social del trabajo (campesinos-nobleza o proletariado-empresarios) viendo las diferentes posibilidades de consumo y bienestar de cada grupo social en relación con esa división social del trabajo.


HISTORIA SOCIAL
 El profesor dice que la Historia es el estudio del hombre y la sociedad en el tiempo… ¿Cómo estudiamos la sociedad?

- Preguntarse por el tipo de agente (protagonista) de la historia: el individuo (Napoleón), la multitud (colectivos sociales) o determinados grupos (las mujeres, el proletariado..). La suma de los factores no altera el producto, sin embargo, de nuevo necesito organizarme, necesito describir la estructura social y, lo que es más importante, conocer las causas de dicha estructuración (existencia de privilegios, dominio de los medios de producción o la división social del trabajo).
a) Personajes significativos: políticos, científicos, artistas, etc..cuyas acciones influyen de manera significativa en la sociedad de su tiempo y posteriormente.
b) Grupos sociales: estamentos, clases sociales y grupos sociales. Análisis del grupo o clase: la relación entre sus integrantes (homogenidad-heterogeneidad) y la relación con los demás grupos. 

Podemos encontrar varias opciones, para Antonio Machado el agente más importante es el hombre-pueblo y para Marx los oprimidos, sin embargo, para Ortega y Gasset el individuo “yo soy yo y mis circunstancias y sí no salvo mis circunstancias no me salvo a mí”.
- Tendríamos que estudiar cada grupo en su relación con la economía, la política (mayor o menor representación política) y su posición jurídica (cuota de derechos civiles, ej. derecho de asociación).
- Estudiaríamos las teorías o ideas sociopolíticas que aparecen en determinados contextos, ej. Rousseau y su Discurso sobre el origen de la desigualdad de los hombres.
- También la toma de conciencia por determinados grupos de su posición social y sus reivindicaciones políticas: ideología.
- Estudiaremos de igual modo las mentalidades de cada grupo, nos centrados en la cosmovisión de cada grupo, es decir, el conjunto de estereotipos y prejuicios (cárceles de larga duración) que como sabéis son el principio y el fin de todo conocimiento.


HISTORIA POLÍTICA: FRUTA PROHIBIDA. EL PODER Y SUS FORMAS.

- El poder a primera vista no tiene materialidad pero se hace inmanente, es decir, se materializa en leyes e instituciones que de una forma más o menos justa organizan y controlan una sociedad determinada. Por tanto, hay que preguntarse ¿Quién tiene el poder? ¿Quién legitima esa posesión?
- La institución fundamental es el Estado que tiene el monopolio del poder. Por tanto, necesitamos conocer las formas de Estado: monarquía y república con sus diferentes tipologías.
- La legitimidad: por gracia divina (A. Régimen con rey soberano) o por la concesión del pueblo organizado en nación política (soberanía nacional). Muy importante la representación de los diferentes grupos sociales.
- Sistema de gobierno: Si el poder esta concentrado tenemos el absolutismo, sin embargo, desde Locke y Montesquieu tenemos la división entre poder legislativo (hacer leyes), ejecutivo (gobernar) y judicial (juzgar). La mayor importancia del ejecutivo sobre el legislativo y viceversa diferencia los sistemas de gobierno en más o menos participativos.  
- El Constitucionalismo como forma de organizar la sociedad política. Tipos de constituciones y ampliación paulatina de derechos.
- ¿Quién hace las leyes? Si la ley es voluntad real tenemos el absolutismo, si la ley la hace el poder legislativo (parlamento) tenemos que analizar quienes son los componentes sociales de ese poder en relación con la representación de los diferentes grupos sociales (sufragio).
- Diferentes nociones de justicia en virtud de los grupos sociales (para la burguesía la justicia es la igualdad civil, para el proletariado es la igualdad social).
- Sistema punitivos (de castigo) y su relación con quienes hacen las leyes, teniendo en cuenta la relación de mayor o menor proporcionalidad entre el delito (ej. huelga proletaria) y las penas (encarcelamiento).  ¿Quién castiga? y ¿A quien se castiga? Códigos Civiles y penales y su evolución.


OTROS ASPECTOS IMPORTANTES

(Debemos de saber que es imposible agotar todos los aspectos de una realidad, tanto presente como histórica).

- Demografía histórica: Movimientos naturales (diferencial natalidad-mortalidad con estancamiento o crecimiento de la población), movimientos espaciales (movimientos migratorios) y estructura de la población (sexo, edad, sector económico). Causas y consecuencias.


- Geopolítica: la modificación de las fronteras de los diferentes estados.
- Relaciones internacionales: estudio de las relaciones entre Estados-Nación, la guerra y sus dimensiones.
La aventura del pensamiento: ¿Pueden las ideas cambiar el mundo?
- Historia de la ciencia. Relación Ciencia-técnica y su aplicación económica.
- Historia del pensamiento filosófico en su vertiente moral, ética y política.
- Estética o estudio de las formas artísticas (pintura, escultura, música, la literatura, etc), sus estilos y movimientos (neoclásico, romanticismo, naturalismo, etc) y su importancia como “lenguajes” alternativos.

Lo importante, en todo caso, es ser capaz de elaborar SÍNTESIS INTERPRETATIVAS. 



La gripe española: origen del término. El soldado de Nápoles.

Cuando surge una nueva amenaza que pone en peligro la vida, la primera preocupación y la más apremiante es ponerle un nombre. Una vez  nombrada, se puede hablar de ella. Se pueden proponer soluciones, y  adoptarlas o rechazarlas. Así pues, la asignación de un nombre es el  primer paso para controlar la amenaza, aunque todo lo que transmita  el nombre sea una ilusión de control. Hay una sensación de urgencia al  respecto y se ha de hacer cuanto antes. El problema es que, en los primeros días de un brote, puede que quienes observan la enfermedad no tengan  una visión completa y malinterpreten su naturaleza u origen. 

Esto genera todo tipo de problemas posteriores. El primer nombre asignado al sida, inmunodeficiencia asociada a la homosexualidad, estigmatizaba a la comunidad homosexual. La gripe porcina, como veremos, la transmiten los humanos, no los cerdos, pero algunos países siguieron prohibiendo las importaciones de cerdo tras el brote de 2009. Por otro lado, la enfermedad puede «sobrepasar» a su nombre. Por ejemplo, el ébola recibe su nombre del río Ébola, en África central, pero en 2014 causó una epidemia en África occidental. El virus del mica ha viajado aún más. Llamado así por el bosque de Uganda en el que se aisló por primera vez en 1947, en 2017 es una amenaza importante en América.

Para tratar de prevenir algunos de estos problemas, la Organización Mundial de la Salud publico en 2015 unas directrices que estipulan que los nombres de las enfermedades no deben hacer referencia a lugares, personas, animales o alimentos concretos. No deben incluir palabras que susciten miedo, como «mortal» o «desconocido». En cambio, se deben usar términos descriptivos genéricos basados en los síntomas, como «enfermedad respiratoria», junto con términos descriptivos más específicos, como «juvenil» o «costera», y el nombre del agente causante de la enfermedad. Cuando surge la necesidad de diferenciar entre enfermedades a las que se pueden aplicar estos términos, se debe hacer utilizando denominaciones arbitrarias como uno, dos, tres. 

El grupo de trabajo de la OMS debatió mucho y a fondo sobre este problema, que no es nada fácil de resolver. Pensemos, por ejemplo, en el SARS, el acrónimo para el síndrome respiratorio agudo y grave. Cuesta imaginar cómo podría ofender a alguien, pero eso fue lo que ocurrió. Algunas personas de Hong Kong (uno de los lugares afectados por un brote de la enfermedad en 2003) se sintieron molestas, ya que el nombre oficial de Hong Kong incluye el sufijo SAR, «Región Administrativa Especial». Por otra parte, es posible que algunos nombres que excluirían las actuales directrices, como la viruela de los monos, contengan información útil sobre el animal huésped de la enfermedad y, por tanto, de una posible fuente de infección. El grupo de trabajo sopesó la posibilidad de nombrar a las enfermedades a partir de los dioses griegos (a Hipócrates le habría horrorizado) o de alternar nombres masculinos y femeninos, el sistema que se usa con los huracanes, pero acabaron descartando ambas opciones. Puede que consideraran el sistema numérico que fue adoptado en China en los años sesenta para tratar de evitar el pánico (las enfermedades de la uno a la cuatro eran la viruela, el cóle-ra, la peste y el ántrax, respectivamente) y que al final decidieran rechazar una modificación tan radical. Las directrices actuales tienen por objeto evitar los peores males de la nomenclatura, aunque aún dejan margen para que los científicos sean creativos.

Obviamente, estas directrices no existían en 1918. Además, cuando se declaró la gripe ese año, lo hizo más o menos simultáneamente en todo el mundo, afectando a poblaciones que habían aceptado la teoría de los gérmenes y otras no. Estas poblaciones tenían a menudo conceptos muy diferentes de la enfermedad en sí. Puesto que, en términos generales, la enfermedad se define como la ausencia de salud, el reconocimiento o no de una serie de síntomas como una enfermedad depende de las propias expectativas de salud. Estas pueden ser muy diferentes si se vive en una metrópoli rica como Sídney o en una comunidad aborigen del desierto interior de Australia. En 1918, el mundo estaba en guerra y muchos gobiernos tenían un incentivo (digamos que mayor que de costumbre) para culpar de una enfermedad devastadora a otros países. En estas circunstancias, es probable que una enfermedad reciba multitud de nombres diferentes y eso fue exactamente lo que ocurrió. 

Cuando la gripe llegó a España en mayo, la mayoría de los españoles, como la mayor parte de la gente en general, supuso que provenía de allende sus fronteras. En su caso, estaban en lo cierto. Ya se habían registrado casos en Estados Unidos desde hacia dos meses y en Francia desde hacía semanas, como mínimo. Sin embargo, los españoles no lo sabían, ya que las naciones beligerantes hablan censurado las noticias sobre la gripe para evitar minar la moral (los médicos militares franceses e referían de manera críptica a ella como la maladie onze, la "enfermedad once"). Todavía el 29 de junio, el inspector general de Sanidad español Martín Salazar anunció en la Real Academia de Medicina de Madrid que no tenía constancia de que existieran casos de una enfermedad similar en otros lugares de Europa. Así pues, ¿a quiénes iban a culpar los españoles? Una canción popular responde a la pregunta. El espectáculo que triunfaba en Madrid cuando llegó la gripe era La  canción del olvido, una zarzuela basada en la leyenda de Don Juan. Incluía una canción pegadiza titulada «Soldados de Nápoles», por lo que cuando irrumpió la contagiosa enfermedad, los madrileños no tardaron en  apodarla el «soldado de Nápoles». 

España fue neutral en la guerra y la prensa no estaba censurada. Los periódicos locales informaban debidamente de la devastación que el soldado de Nápoles iba causando a su paso y las noticias viajaron al extranjero. A principios de junio, los parisinos, que desconocían los estragos que la gripe había causado en las trincheras de Flandes y Champagne, se enteraron de que dos terceras partes de los madrileños habían enfermado en solo tres días. Sin ser conscientes de que llevaba más tiempo entre ellos que entre los españoles, y con un empujoncito de sus gobiernos, los franceses, los británicos y los estadounidenses empezaron a llamarla la «gripe española».

No es de sorprender que esta denominación no aparezca casi nunca en las fuentes españolas de la época. Prácticamente, las únicas veces que se encuentra es cuando los autores españoles escriben para quejarse. «Quede constancia de que, como buen español, me opongo a esta idea de la "fiebre española"», protestó un médico llamado García Triviño en una revista médica hispanica. Para muchos españoles, este nombre no era más que la manifestación más reciente de la «leyenda negra», la propaganda antiespañola surgida de la rivalidad entre los imperios europeos en el siglo XVI  describía a los conquistadores como hombres aún más brutales de lo que fueron (ataron y encadenaron a los indios conque subyugaron, pero probablemente no alimentaron a sus perros con niños indios, como afirmaba la leyenda).

Lejos del escenario bélico, los ciudadanos seguían las normas consagradas para denominar a las epidemias y culpaban a otros. En Senegal era la gripe brasileña y en Brasil la gripe alemana, mientras que los daneses creían que «provenía del sur». Los polacos la denominaron la enfermedad bolchevique. Los persas culparon a los británicos y japoneses, a sus luchadores: tras declararse en un torneo de sumo, la llamaron la "gripe sumo"

Algunos nombres reflejaban una relación histórica de la población con la gripe. Por ejemplo, según la percepción de los colonos britanicos de Rodesia del Sur (Zimbabue), la gripe era una enfermedad relativamente trivial, por lo que las autoridades denominaron a la nueva dolencia influenza (vera), añadiendo el término latino vera, que significa «verdadera», en un intento de desterrar cualquier duda de que fuera la misma enfermedad. Los médicos alemanes, siguiendo la misma lógica pero optando por una solución diferente, se dieron cuenta de que la población necesitaría mentalizarse de que este nuevo horror era la enfermedad de la gripe «de moda», la favorita de los hipocondríacos, por lo que la llamaron «pseudogripe». Sin embargo, en algunas partes del mundo que habían sido testigos del poder destructivo de las «enfermedades del hombre blanco», los nombres no solían revelar nada acerca de la identidad de la enfermedad. «Man big daddy», «gran época mortal» e infinidad de palabras que significaban «desastre», eran expresiones que ya se habían aplicado a epidemias anteriores. No distinguían entre la viruela, el sarampión o la gripe, ni a veces siquiera entre las hambrunas y las guerras.
Algunas personas se reservaron su opinión. En Freetown, un periódico propuso llamar a la enfermedad manhu hasta que se supiera más sobre ella. Manhu, una palabra hebrea que significa «¿qué es esto?», es lo que lo israelitas se preguntaron cuando vieron caer una sustancia extraña del cielo mientras cruzaban el mar Rojo (de manhu viene maná, pan del cielo). Otros la pusieron nombres conmemorativos. Los habitantes de Cape Coast, en Ghana, la llamaron mowure Kodwo por el señor Kodwo, de la aldea de Mouri, que fue la primera víctima que murió en esa zona." En África, la enfermedad quedó fijada a perpetuidad en los nombres de los grupos de edad nacidos en esa época.
Por ejemplo, entre los igbo de Nigeria se conocía a los nacidos entre 1919 y 1921 como ogbo ifelunza, el grupo de edad de la gripe. Ese otoño se incorporó por primera vez al término ifelunza, una evidente deformación de "influenza", al léxico igbo. Antes de eso, no disponían de una palabra para designar la enfermedad.

Cuando fue pasando el tiempo y se fue comprobando que no se trataba de muchas epidemias locales, sino de una pandemia mundial, surgió la necesidad de acordar un único nombre. El nombre adoptado fue el que ya estaban usando las naciones más poderosas del planeta, los vencedores de la Gran Guerra. La pandemia pasaría a conocerse como la gripe española (ispanka, espanhola, la grippe espagnole, die Spanische Grippe) y un error histórico quedó esculpido en piedra. 

Fragmento de Laura Spinney, El Jinete pálido. 1918: la epidemia que cambio el mundo. Crítica, 2018.

Más en Diez mitos que aún creemos sobre la gripe española de 1918 de Richard Gunderman. El País 21/01/2018.



El destape como metáfora de la Transición. Pepa Flores.

Reproduzco un fragmento del libro de Aurora Morcillo Gómez En cuerpo y alma. Ser mujer en tiempos de Franco 

El cuerpo de las mujeres vendría a  representar la sede simbólica de la tensión política  y social en la que habría de verse inmersa España en los tres años que transcurrieron entre la muerte del dictador y la proclamación de una nueva constitución democrática en diciembre de 1978. Un buen número de actrices iban a posar desnudas ante la cámara, ya fuera para la pantalla cinematográfica o para las revistas ilustradas. Dada la coyuntura política que se vivió en esos años, los cuerpos de estas mujeres «públicas» quedaron transformados en otras tantas encarnaciones alegóricas de la nación. La España democrática se vio simbólicamente personificada en el desnudo y vulnerable cuerpo de una mujer. Marisol, una chiquilla malagueña de ojos azules, rubia y angelical -que había sido además una de las actrices infantiles más famosas de la dictadura- se convirtió en la encarnación misma de la promesa democrática. 

Nacida el 4 de febrero de 1948 en el seno de una familia humilde Josefa (Pepa) Flores González dio  muestras de su talento como cantante y bailarina  a una edad muy temprana. Se unió pronto a los Coros y Danzas de la Sección Femenina, viajando en 1959 a Madrid, en ese grupo de Falange, con el fin de actuar en Televisión Española. Fue entonces cuando la descubrió el productor Manuel Goyanes, convirtiéndola en la Shirley Temple española. Goyanes firmó con ella un contrato de diez arios en exclusiva, trasladando a la chiquilla a su casa y dejando a la madre de la futura Marisol en una pensión madrileña. La familia Goyanes tenía seis hijos y se suponía que Marisol iba a convenirse en un miembro más de la tropa. Su debut cinematográfico se produciría el 9 de septiembre de 1960 Con la película titulada Un rayo de luz. Ese año, el filme cosechaba un notable éxito internacional en el Festival cinematográfico de Venecia, cuyo jurado otorgó a la pequeña actriz el premio a la mejor intérprete infantil, nominándola casi al mismo tiempo el Sindicato Nacional del Espectáculo español para idéntico galardón. 

La carrera cinematográfica de Marisol se vio afectada por el hecho de crecer en el domicilio de los Goyanes, pertenecientes a la clase acomodada, de modo que su adolescencia la apartó de sus raíces. La joven recibió una rigurosa educación, con profesores privados, lo que le permitió aprender inglés, interpretación y danza, además de proporcionarle lecciones de canto, natación y equitación. Entre 1960 y 1969, Marisol protagonizó doce comedias musicales. El guion giraba siempre en torno a la existencia de algún conflicto familiar que el angelical carácter de la niña actriz contribuía a resolver, todo ello aderezado con pinceladas de amoríos adolescentes y pueriles contratiempos. 

En 1961 Marisol inició una gira por Latinoamérica, Portugal, Angola y Sudáfrica para promocionar su segunda película: Ha llegado un ángel. En el verano de ese mismo año visitó Estados Unidos para actuar en el programa de televisión de Ed Sullivan, por el que recibió 4.000 dólares de la época. Más tarde la actriz recordaría que en todo momento se hallaba sometida a vigilancia. Controlaban las llamadas telefónicas que hacía, no le permitían disponer del dinero que ganaba y le dieron cien pesetas a la semana hasta la edad de diecinueve años. El aparato promocional que Goyanes levantó en torno del joven ídolo no tenía precedentes en la historia del espectáculo español. Se comenzó a publicar una revista exclusivamente dedicada a la actriz -titulada Los amigos de Marisol-, y la casa editorial Fher elaboró centenares  de álbumes, historietas, muñecas de papel y libros infantiles, además de una biografía en veinte fascículos coleccionables que la propia Marisol se encargaba de narrar y cuyo título era Simpatía. También se distribuyeron muñecas y discos con sus canciones. La estrella recibía más de 1.000 cartas al día, encargándose la oficina del productor de contestarlas todas puntualmente. Se organizó un equipo de escritores, encargándoseles la tarea de llevar un registro de los nombres, las direcciones y las fechas de los cumpleaños de las admiradoras. 

Entre 1960 y 1969, Marisol creció y maduró hasta convertirse en su alter ego, Pepa Flores. La elaboración del estrellato de Marisol había afectado a su aspecto físico y a su manera de hablar. Se la obligó, aunque sin éxito, a disimular su acento andaluz. En 1964 pasó por las manos de un cirujano plástico para enderezarse la nariz. La ansiedad propia de todo adolescente se vio magnificada por las presiones del estrellato y terminó transformándose en una úlcera de estómago. Por último, en 1969 aceptó a regañadientes el matrimonio de  conveniencia que  le habían concertado con Carlos Goyanes, hijo del productor que la había lanzado. La infeliz pareja mantuvo su unión solo tres años, y tras el intento de suicidio de Marisol, el matrimonio se separó. De esta tragedia personal iba a surgir Pepa Flores, una persona totalmente opuesta a la que había representado hasta entonces. 

En 1973, la actriz inició una relación sentimental con el icónico bailarín de flamenco Antonio Gades. Ambos se casaron en 1982 en Cuba, con Fidel Castro como testigo. Pepa Flores declaró tener profundas convicciones comunistas. Gades fue el amor de su vida. Tuvieron tres hijas: María, Tamara y Celia. La unión se mantuvo hasta 1986. Pepa Flores se trasladó a Málaga, sufriendo hasta hoy lo que los medios de comunicación denominan el «síndrome de Greta Garbo». Se niega a participar en la industria del espectáculo, y no concede entrevistas ni permite que se la fotografíe en modo alguno. Marisol no fue nunca una estrella folclórica del estilo de las que fabricaba el régimen en los años cincuenta, era la encarnación de la nueva pequeñoburguesa moderna, es decir, de una estrella forjada para satisfacer las necesidades de la economía de consumo que habían alumbrado los planes de desarrollo de la década de los sesenta. Era la época de las radionovelas y de la televisión, inaugurada en 1956 en el Paseo de la Habana de Madrid. Marisol consiguió emular con éxito a Shirley Temple, pudiéndosela equiparar con una especie de Twiggy a la española, convertida en Brigitte Bardot con el paso de los años. Marisol acabaría adquiriendo una dimensión política al surgir el fenómeno característico de la transición democrática española conocido con el nombre de «el destape». A finales de las décadas de los setenta y durante la de los ochenta serían muchas las actrices que decidieran posar desnudas ante la cámara, convertidas en encarnaciones alegóricas de la nación en aquella coyuntura política: vulnerables mujeres desnudas en representación de la vulnerable España democrática. 

La última rebelión de Marisol consistió en posar desnuda para la revista Interviú, recientemente aparecida en esos años. Sus desnudos aparecieron en 1976 en esa publicación. Marisol, la actriz infantil de aspecto angelical de la época de Franco, la Shirley Temple española, se exhibía de pronto desnuda en la portada de una revista, junto a un titular que anunciaba con el siguiente rótulo el contenido de las páginas interiores: «El bello camino hacia la democracia. Marisol». Las fotos se completaban con las opiniones que distintos personajes famosos daban en manifestar respecto a la categoría de Marisol como mujer y como actriz, pero no hay ninguna entrevista con la propia estrella. María Luisa Seco, también actriz, hacía estas declaraciones: 

Desde siempre me ha parecido una mujer maravillosa. Solo he visto películas en su etapa de niña, pero quedé maravillada. Ahora es una belleza de mujer. La imagen que da es la de una mujer que vive su vida, que hace lo que quiere, en una palabra: una mujer libre, que vive dónde y cómo le da la gana. Tiene los hijos que quiere y con quien quiere, lo cual es absolutamente perfecto. Por otra par-te, es una buena actriz, con un físico increíble, y encima canta muy bien. Es una estrella estupenda.

En 2001, Interviú celebró su vigesimoquinto aniversario. Francisco Umbral, autor y personaje mediático que hasta su fallecimiento  2007 habría de estar invariablemente en el centro de todas las polémicas surgidas durante la transición posfranquista a la democracia escribiría un artículo para dicha efeméride titulado «Los cuerpos y los siglos». El texto recuerda con tintes nostálgicos tanto a Marisol como a otras actrices que se habían animado a posar desnudas ante la cámara: 

Entonces se nos apareció a los mortales la olvidada y fontanar Pepa Flores, en traje de Marisol, en desnudo de Marisol, y aquel flequillo dorado nos salvó del pluriempleo, y aquellos pechos, un punto excesivos, nos devolvieron la confianza en el verano, y aquellas manos de niña nos pusieron de novios con todas las adolescentes de la década, y aquellos glúteos de ninfa malcriada donde el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y aquellos ojos claros, intensos, tristes, del color de la luna verde, cuando nunca habíamos visto una luna verde, paralizaron la vida nacional, paralizaron la democracia en un paso de peatones y volvimos a creer en la huelga general, en las parejas de novios de hecho, en el socialismo, en los alcaldes que se morían en serie y en la transición modelo que solo le parecía mal a Pablo Castellano, mientras los demás encontrábamos un puesto a la sombra de los dos soles de la niña. 

El recuerdo de la política vigente en los últimos tiempos del franquismo aparece reflejado junto al triunfo de la carne, de los deseos sexuales masculinos. «Aquellas piernas largas y delgadas con las que Dios creó a la mujer», escribe Umbral, «[...] les estamos hablando a ustedes de los setenta, felices y transicionales setenta. Caían caudillos como ciruelos, España se llenaba de príncipes y la Falange se intelectualizaba con Emilio Romero [...]. Y la democracia era como un cartel de feria que pegaban todas las noches por las esquinas, y siempre aparecía despegado a la mañana siguiente». La desnudez del cuerpo femenino se convierte en elemento de solaz (fundamentalmente para los hombres) de los cuarenta años de sexualidad reprimida que todo el país ha padecido. La democracia se mide en función de la cantidad de carne femenina que se exhibe en los medios públicos. La democracia se mostraba sin tapujos, desnuda, como la mujer. La desnudez se presenta con los visos de un acto de rebelión femenina contra la mojigatería del pasado franquista, expuesta a modo de prerrogativa de los varones heterosexuales, que se autoproclaman librepensadores. Y al igual que sus antepasados, que habían esbozado en Cádiz la Constitución de 1812, conocida con el nombre de «La Pepa», también en 1978 iba a aparecer la democracia encarnada en otra Pepa: Pepa Flores. 



Flores para una victoria, flores para una tumba olvidada.

Su cuerpo llego a la capital británica procedente de Gibraltar en el matrecho Victory, que primero recaló en Greenwich. El 8 de enero de 1806 comenzó el sepelio oficial. La comitiva fúnebre partió de Greenwich en 18 pequeños barcos a través del Támesis hasta el corazón de Londres: el Whitehall. Millares de personas se arremolinaban en los muelles de forma multitudinaria, mientras que las embarcaciones surcaban lentamente el curso del río, engalanadas y en grandiosa solemnidad. Escudos de armas, trompetas, velos de terciopelo negro, seis almirantes llevando el palio fúnebre y el primer lord del Almirantazgo a la cabeza del cortejo.
Aquel día no fueron unos cuantos cañonazos los que sonaron al paso de Nelson. Desde la Torre de Londres las andanadas se escucharon por encima del batir de los tambores de modo intermitente a lo largo de la jornada, retumbando en los corazones y los cuerpos de miles de británicos. 

Del Whitehall, donde fue expuesto su cadáver, pasó al edificio del Almirantazgo para al día siguiente, el 9 de enero, ser conducido de manera definitiva a la catedral de San Pablo. Allí, el primer jefe de armas leyó en voz alta los títulos de Horatio Nelson; dentro del ataúd se depositaron sus bastones castrenses, rotos en ceremonia. El cadáver fue bajado al sarcófago de la cripta, donde todavía descansa hoy; en el momento del final del sepelio, ya había oscurecido. 

...Durante mucho tiempo siempre hubo flores al lado de aquella tumba. Flores para una victoria. 

Resultado de imagen de entierro de Nelson inglaterra

Nelson, con su capacidad de resistencia, se había convertido en un héroe popular británico: el mejor y más valioso almirante de Inglaterra para hacer frente al temido poder la Francia napoleónica y para luchar contras las naves de otro viejo rival del mar, la Corona de España. El listado es largo: la batalla del cabo de San Vicente, el intento de asedio de Tenerife, la acometida contra Cádiz, la batalla de Abukir...Trafalgar. 

Pero si a Nelson se le respetaba entre las gentes del pueblo y el conjunto de sus subordinados y compañeros de la Royal Navy, ciertos grupos de la élite de Inglaterra toleraron muy mal su carrera y su existencia. De origen humilde, sólo sus éxitos le permitieron relacionarse en algunos ambientes de las capas altas de aquella sociedad que miraba con desdén al "hijo de un clérigo". El día del funeral se pusieron delante de la comitiva del sepelio, pues lo contrario hubiese sido desafiar al pueblo inglés. Pero aun con toda la pompa, hubo un detalle muy poco adecuado en el entierro: el féretro del defensor de Inglaterra, donde yace todavía hoy, es el sarcófago de otro. Ahorrándose esfuerzos, se destino para cobijar sus restos un viejo sarcófago que había sido realizado mucho tiempo antes al objeto de guardar allí el cadaver del cardenal Wosley, quien al final nunca llego a ocupar. Aquel féretro estuvo durante siglos en la capilla de Wosley de Windsor, abandonado por todos. Los grupos más resentidos de las élites, ante la brillante carrera  de un hombre sin apenas raigambre social de nacimiento, envueltos en el inmenso y pomposo ruido del funeral, se ahorraron la dignidad de conceder a Nelson su propio mármol. 

Quizá sólo sus amigos de la Marina supieron expresar lo que se debía al veterano almirante, pues el ataúd interior donde se encuentra el cuerpo es el encargo sencillo, sobrio y sin apenas decoración, de uno de sus mejores subordinados, el capitán Benjamin Hallowell. Está realizado con la madera del palo mayor de una de las naves más representativas de Francia en la batalla del Nilo: el buque L´Orient, precisamente el gran navío que acabaría volando por los aires en pleno combate. En aquellos momentos difíciles, Nelson era hijo de Inglaterra porque era hijo de la guerra.

Evidentemente, a la mujer que les entrego a él y a Gran Bretaña lo mejor de su juventud, Emma Hamilton, así como a la hija que ambos tuvieron, Horatia Nelson, muy pocos desde el poder de Londres otorgaron alguna dávida, dejándolas incluso morir en la más completa miseria. Para muchos de los miembros de aquellas élites ella era sólo "la amante de Nelson". Pronto se olvidó "Britannia" de las importantes labores diplomáticas de Emma en Nápoles para asegurar la amistad hacia Inglaterra del reino borbón de las Dos Sicilias durante algunos de los peores momentos del ataque napoleónico sobre Italia.


Emma como Circe, por George Romney1782.

...Flores para una tumba olvidada.  

J. Cayuela y A. Pozuelo, Trafalgar. El mar en la era napoleónica

PIERRE VILAR EN FRAGMENTOS.


Texto de Pierre Vilar, profesor del lycée de Sens, en 1937.

No hay cosa que más me mortifique que adivinar, en un auditorio joven, la expectativa siguiente: "he aquí el profesor de historia; nos va a enseñar que Francisco I ganó la batalla de Marignano en 1515 y perdió la de Pavía en 1525. Hace mucho tiempo que me sublevé públicamente, por vez primera, contra esta imagen. Con motivo de un reparto de premios, ceremonia banal en la que tradicionalmente el profesor designado para ello hace el elogio académico de su disciplina. Pero estábamos en 1937, en plena guerra de España, en plena ascensión del nazismo, en un situación de angustia ante el drama que se aproximaba. No puede evitar preguntar a los jóvenes alumnos -y, por encima de ellos a sus padres- si cuando leían y pronunciaban cotidianamente las palabras de "guerra", "revolución", "estado", "nación", y todas las terminadas en "arquía", "gracia" o "mismo", estaban seguros de captar adecuadamente su sentido. Y si sabían que solo mediante la historia podían esclarecerlo. Poco antes una distinguida asociación de padre de alumnos había pedido que todo examen de historia se limitara a recitar una lista de fechas aprendidas de memoria, y las imprecaciones de Paul Valéry contra la historia, "el producto más nocivo que la química que el intelecto haya elaborado jamás", eran todavía recientes. Valéry, naturalmente pensaba en esa historia (con H mayúscula) que difunde los mitos y las pasiones, ignorando la historia auténtica, balbuciente aún pero que existe, y que es el único contraveneno de la otra Historia.


LECTURA CURSO 2019/2020

Accede a la carpeta con el guión de lectura y las preguntas pinchando sobre la imagen. Para ir a los cuestionarios por capítulos pincha sobre los enlaces.

Capítulo 1. Las pioneras. 

Capítulo 2. Igualdad en la nada

Capítulo 3. Tiempo de ilusiones. 

FECHA DE ENTREGA: 3 de febrero de 2020.

La sociedad del XVIII. Las sopas económicas.

Reparto de sopa a los menesterosos. Museo de Historia de la Ciudad. Barcelona.


El recurso a las "sopas económicas" para socorrer a las poblaciones indigentes se generalizó en Castilla en los últimos años del siglo XVIII. De la frugalidad de esta sopa da idea el hecho de que los ingredientes para 50 personas eran éstos:


- Patatas, patacas, nabos, chirivías o zanahorias (16 Libras).
- Guisantes secos, judías, muelas, lentejas o algarrobas (4 Libras).
- Harina de cebada (4 Libras).
- Pan duro (4 Libras).
- Carne de puerco muy picada o manteca (1 Libra).
- Sal (1 Libra).
- Vinagre (3 Libras)
- Agua (75 Libras). 

1 Libra = 453,592 gramos.

La sociedad del XVIII: los grupos minoritarios. La represión de la población gitana.

Los grupos sociales minoritarios (judíos, gitanos) rompían con la uniformidad de comportamientos que perseguían los ilustrados. Grupos no asimilados al orden social existente, ante los que los gobiernos borbónicos adoptaron medidas para su integración, que no siempre respetaron la identidad de los grupos. Aunque las referencias a los judíos fueron minoritarias después de varios siglos de ser perseguidos, el rechazo en la memoria  popular todavía perduraba. No obstante, aquellos que todavía estaban en España merecieron un trato positivo por parte de Carlos III. En 1788, a los chuetas mallorquines se les autorizaba a habitar en cualquier barrio de la ciudad y a practicar cualquier oficio. La medida no tuvo muchos resultados prácticos, pues los chuetas, que dominaban buena parte del comercio al por menor, y prestaban dinero, incluso a los nobles, tenían una fuerte oposición popular.

Menos condescendientes fueron los ministros reformistas con el  problema gitano. Para los ilustrados, el vagar de los gitanos era algo difícil de encajar en su filosofía. Si numerosas y duras habían sido las acciones desde los Reyes Católicos contra esta minoría étnica, la política ilustrada no fue menos rigurosa. La política fue dirigida a la represión de sus costumbres (habla, trajes, bailes, etc.) y a terminar con su nomadismo, obligándoles a tener oficio conocido y residencia fija. En 1749, fueron apresados más de 12 000 gitanos y en la Pragmática de 1783, dictada por Carlos III, se les conminaba al cumplimiento rápido de las órdenes de asimilación. Si las contravenían serían marcados con un hierro candente en la espalda, y si reincidían serían condenados a la pena de muerte. Se culminaba así una persecución secular hacia el pueblo gitano, que condujo a miles de ellos a las galeras, al destierro y, desde luego, a la marginación social En general, la Real Pragmática cumplió su misión y la mayoría de gitanos quedaron avecinados, es decir, controlados como cualquier ciudadano. En realidad, en la mentalidad ilustrada, esta persecución de los gitanos tuvo mucho que ver con el intento de acabar de raíz con el problema de los vagabundos y mendigos.   

VV.AA: Geografía e Historia de España. 3º BUP. 

Necesidad de Instrucción por Jovellanos.

Si deseáis este bien, si estáis convencidos de que la prenda más segura de él es la instrucción pública, dad este primer paso hacia ella. Reflexionad que las primeras letras son la primera llave de toda instrucción, que de la perfección de este estudio pende la de todas las demás, y que la instrucción unida a ella es la única que querrá o podrá recibir  la gran masa de nuestros compatriotas. Llamados por su condición al trabajo desde que raya su juventud, su tiempo debe consagrarse a la acción, no al estudio. Reflexionad, sobre todo, que sin este auxilio la mayor proporción de esta masa quedará perpetuamente abandonada a la estupidez y miseria (...) porque donde la propiedad individual está acumulada en tan pocas manos, ¿a que podrá aspirar un pueblo sin educación sino a la servil y precaria condición de jornalero? 
Ilustradle, pues, en las primeras letras, y refundid en ellas todas la educación que conviene a su clase. Ellas serán entonces la verdadera educación popular. Abridle así la entrada a las profesiones industriosas y ponedle en los senderos de la virtud y de la fortuna. Educadle y, dándole así un derecho a la felicidad, labraréis vuestra gloria y la de vuestra patria. 

G.M. de JOVELLANOS, Memorias sobre la instrucción pública, 1782. 

Causas del atraso científico. Benito Jerónimo Feijoo

No es una sola, señor mío, la causa de los cortísimos progresos de los españoles en las facultades expresadas, sino muchas, y tales, que aunque cada uno por sí sóla haría poco daño, el complejo de todas forman un obstáculo casi absolutamente invencible. 
La primera es el corto alcance de algunos de nuestros de profesores. Hay una especide de ignorantes perdurables, precisados a saber siempre poco, no por otro razón, sino porque piensan que no hay más que saber que aquello poco que saben. Basta nombrar la nueva filosofía, para conmover a éstos el estómago. Apenas pueden oír sin mofa y carcajada el nombre de Descartes. Y si les preguntan qué dijo Descartes, o qué opiniones nuevas propuso al mundo, no saben ni tienen qué responder. 
La segunda es la preocupación que reina en España contra toda novedad. Dicen muchos, que basta en las doctrinas el título de nuevas para reprobarlas, por que las las novedades en punto de doctrina son sospechos.

Feijoo, 1760

Tratado de Utrecht entre España y Gran Bretaña.

 Artículo 2. Siendo cierto que la guerra que felizmente se acaba por esta paz, se empezó y se ha continuado tantos años con suma fuerza, inmensos gastos y casi infinito número de muertes por el gran peligro que amenazaba a la libertad y salud de toda la Europa la estrecha unión de los Reinos de España y Francia, y queriendo arrancar del ánimo de los hombres el cuidado y sospecha de esta unión, y establecer la paz y tranquilidad del orbe cristiano con el justo equilibrio de las potencias [que es el mejor y más sólido fundamento de una amistad recíproca y paz durable], han convenido así el Rey Católico como el Cristianísimo en prevenir con las más justas cautelas que nunca puedan los Reinos de España y Francia unirse bajo de un mismo dominio, ni ser uno mismo Rey de ambas Monarquías. 

Artículo 10. El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensa y fortalezas que le pertenecen [...]. 

Artículo 11. El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede también a la Corona de la Gran Bretaña toda la isla de Menorca [...].

rtículo 12. El Rey Católico da y concede a Su Majestad Británica y a la compañía de vasallos suyos formada para este fin la facultad para introducir negros en diversas partes de los dominios de Su Majestad Católica en América, que vulgarmente se llama asiento de negros; el cual se les concede con exclusión de los españoles y de otros cualesquiera por espacio de treinta años continuos [...].

Tratado de paz entre la Corona de España y la de Gran Bretaña, firmado en Utrecht el 13-VII-1713

ANÁLISIS

Mientras la guerra continuaba en la Península, se desarrollaban en Londres negociaciones para alcanzar un acuerdo ya que la situación internacional había cambiado al morir el emperador austriaco José I y sucederle en el trono el archiduque Carlos. Esto implicaba que si Carlos recibía la herencia española su imperio sería formidable y rompería el equilibrio europeo. Por ello Gran Bretaña y Holanda retiraron su apoyo al candidato austriaco y se avinieron a negociar con Francia y España. Se alcanzó un acuerdo en Utrecht en 1713.
La paz de Utrecht fue un conjunto de once tratados en los que se regulaba la sucesión española, y también muchas otras cuestiones. Las principales decisiones que se tomaron fueron estas: Felipe V era reconocido como rey de España a cambio de su renuncia a los derechos al trono francés. España perdía los Países Bajos, Milán, Nápoles y Cerdeña, que pasaban al emperador Carlos, y Sicilia, que pasaba a Saboya; además Portugal ampliaba su territorio brasileño a costa de España hacía el Mar de la Plata, donde fundó la colonia de Sacramento.
Gran Bretaña mantenía la posesión de Menorca y Gibraltar, ocupados durante la guerra, y obtenía dos importantes concesiones comerciales: el llamado asiento de negros, por el que España le reconocía el monopolio para introducir esclavos africanos en América durante treinta años, y el navío de permiso, es decir, la posibilidad de enviar cada año un barco cargado de mercancías para venderlas en América.

La introducción de esclavos negros en la América española por los británicos


Una de las consecuencias del Tratado de Utrecht fue el permiso que España concedió a Gran Bretaña para introducir esclavos negros en las posesiones españolas en América.

(...) deseando entrar en esta dependencia la Reyna de la Gran Bretaña, y en su nombre la Compañía de Inglaterra (...)  He venido, por mi Real Decreto de doce de este presente mes (marzo de 1713), en admitir y aprobar las expresadas quarenta y dos condiciones contenidas en el citado pliego, en la forma que abaxo irán expuestas, (...)

Primeramente: (...) ofrece y se obliga su Magestad Británica por las personas, que nombrará y señalará para que corran y se encarguen de introducir en las Indias Occidentales de la América pertenecientes á su Magestad Católica, en el tiempo de los dichos treinta años, (...) es á saber, ciento quarenta y quatro mil negros, piezas de Indias, de ambos sexós, y de todas edades, á razon en cada uno de los dichos treinta años de quatro mil y ocho cientos negros, piezas de Indias: con calidad que las personas que pasaren á las Indias á cuidar de las dependencias del Asiento, eviten todo escándalo, porque si los dieren serán procesados y castigados  (...)

Que por cada negro, pieza de Indias, de la medida regular de siete quartas, no siendo viejos, ni con defectos, segun lo practicado y establecido hasta aqui en las Indias, pagarán los Asentistas treinta y tres pesos escudos de plata, y un tercio de otro en cuya cantidad se han de entender y serán compreendidos todos y quelesquier derechos así de alcabala, sisa, unión de armas, boquerón, como otros qualesquiera de entrega y regalía, que estubiesen impuestos, ó en adelante se impusieren, pertenecientes á su Magestad Católica, sin que se pueda pedir otra cosa: y que si algunos se cobrasen por los Gobernadores, Oficiales Reales, ú otros Ministros, se hayan de abonar á los Asentistas en cuenta de los derechos que hubieren de pagar á su Magestad Católica de los dichos treinta y tres pesos escudos de plata, y un tercio de otro, en virtud de testimonio auténtico, el qual no ha de poder negar ningún escribano, á cuyo fin se ha de expedir Cédula general en la más amplia forma (...)

Que los dichos Asentistas anticiparán á su Magestad Católica, para ocurrir á las urgencias de su Corona, doscientos mil pesos escudos, (...) Que los dichos Asentistas han de tener la facultad, (...) que si reconociesen ser necesario para el beneficio de su Magestad Católica y de sus vasallos el introducir mas número de negros, lo han de poder executar (...)  Que los dichos Asentistas han de tener la libertad de emplear en este tráfico, para la conducción de sus armazones, los navíos propios de su Magestad Britanica, y de sus vasallos, ó de otros que pertenezcan á los de su Magestad Católica, pagandoles sus fletes, y con la voluntad de sus dueños, tripulados de marinería inglesa, ó española, á su elección; [...]. 

(Recogido por JOSÉ LUIS GÓMEZ ORDÁÑEZ en Historia de España, ed. Labor) 


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