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En España el respeto es revolucionario. Fernando de los Ríos.

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LA REINA LADRONA

Fernando VII murió en 1833 desencadenando una guerra civil y María Cristina quedó como reina regente. A las dos semanas de enviudar, el corazón le alivió los lutos poniéndole delante a un apuesto capitán de su escolta, Fernando Muñoz, natural de Tarancón. Pasaron dos meses y ella decidió tomar la iniciativa y durante un paseo por la finca segoviana de "Quitapesares" (que bien le viene el nombre al asunto) se encaró con él y le dijo "¿Me obligarás a decirte que estoy loca por ti, que sin tu amor no vivo?" (téngase en cuenta que estamos en pleno Romanticismo).
Los enamorados se casaron en secreto, un secreto a voces pues tuvieron ocho hijos, y aunque los miriñaques de la época disimulaban sus preñeces, no bastaban para contener lo que ya era "voz populi". Cantaba el pueblo:
Clamaban los liberales
porque la renia no paría
y ha parido más Muñoces
que liberales había

Muñoz pronto ascendido a duque, en junio de 1844 fue nombrado Grande de España y se constituyó el Ducado de Riánsares para otorgarle el título. Al día siguiente de la boda oficial fue nombrado Teniente General y Senador vitalicio. Su hijastra la reina Isabel II le concedió el Toisón de Oro. Adquirió más tarde el título de Marqués de San Agustín y, ya en el exilio en Francia junto a María Cristina, Luis Felipe I de Francia lo nombró Duque de Montmorot y le concedió la Legión de Honor.
Fue el promotor de los múltiples negocios que, junto con María Cristina y su amigo José de Salamanca, otro ladrón que se convirtió en noble (posterior ¡Ministro de Hacienda!) y que da nombre al famoso barrio de Salamanca de Madrid, crearon empresas promotoras de ferrocarril como la que une Alcázar de San Juan con Aranjuez, negocios ruinosos que tuvo que liquidar el estado comprándolos a precios fuera de mercado, con sus consiguientes costes para la Hacienda Pública y beneficios para la pareja, otro ejemplo sería desviar la estación del Norte (Ahora Chamartín) hasta asentarla en terrenos de la Corona con la finalidad de especular con un suelo propiedad de la Corona y curiosamente sin desamortizar...
Muñoz y Mª Cristina, “gentes de orden” conspiraron desde París contra los gobiernos progresistas, ellos muy moderados estuvieron siempre del lado de Narváez.
No sería completa la semblanza sin decir algo de su gran negocio: la venta de esclavos. La monarquía utilizó su poder e influencia en Cuba para nombrar gobernadores militares que bajo un régimen militarista y autoritario mantuvieron la explotación de millares de esclavos que eran primero comprados en el puerto de La Habana y después explotados en los ingenios azucareros, no sin el consiguiente beneficio de la compra venta y de una mano de obra barata.
Mientras los carlistas la llamaron "la princesa degradada" y el conservador Luis González Bravo “la ilustre prostituta", insultos centrados en su vida personal y en su condición de mujer y que por tanto no proceden por su machismo, sería más correcto recoger el testigo de las juntas progresistas y revolucionaras del 54, de ese pueblo que gritaba ¡Fuera los ladrones! y la definió como"reina ladrona", sin duda la sabiduría del pueblo, que diría Antonio Machado, debería tenerse en cuenta a veces en los libros de Historia.

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