MILICIANAS.

Voluntarias de las milicias populares, Barcelona, junio de 1936.
Como en 1917 en Rusia, la división de género que dominaba las representaciones de la guerra civil europea es duramente puesta a prueba en España. En 1936 George Orwell lo constata cuando describe las calles de Barcelona, durante los primeros meses siguientes al levantamiento, donde los comportamientos, las formas de sociabilidad, e incluso los códigos indumentarios conocieron una repentina mutación. 
  María de la Luz Mejías, con un retrato 
junto a su marido, también miliciano.


En este contexto aparece una figura nueva: la miliciana, que se apropia de los caracteres tradicionales de la virilidad como llevar uniforme y armas, el arrojo y la participación en los combates, ella echa por tierra la visión católica de la mujer "ángel del hogar" poderosamente vehiculada por la propaganda franquista. Pero, a pesar del mito que se constituyen alrededor de esta figura ampliamente representada en los carteles republicanos, la miliciana sigue siendo una excepción. Las mujeres dominan la resistencia civil, desapareciendo poco a poco de las líneas de frente. 
Miliciano despidiéndose de su familia antes 
de ir al Frente de Aragón


A partir de 1937, una estricta división de género se impone también el seno del campo republicano, donde vuelve a prevalecer la consigna tradicional, "Los hombres al frente, las mujeres a la retaguardia". La propaganda republicana transforma a las mujeres en madres llorosas y en víctimas sufridas. En sus discursos inflamados, Dolores Ibárruri, la Pasionaria, lanza proclamas al mundo entero para que escuche "el grito dolorosa de nuestras madres y nuestras esposas". 
El imaginario guerrero termina por imponerse incluso en seno del POUM, el partido de extrema izquierda, que, sin embargo, organiza en 1936 batallones de voluntarias femeninas. Una foto nos muestra a estas militantes desfilando con una bandera que apoya la visión de la guerra como asunto de hombres: "!Vale más ser un viuda de un héroe que la esposa de un miserable". 


Manifestación de mujeres contra la guerra con el lema "Más vale ser viuda de heroe que mujer demiserable" del Secretariado Femenino del POUM. (Archivo Histórico de Salamanca).
Texto extraído de E. Traverso, A sangre y fuego. De la guerra civil europea (1914-1945). PUV. 2009.  Un libro excelente donde se contextualiza la relevancia de la idea de virilidad y la función de la alegoría femenina en el contexto de los enfrentamientos de entreguerras. 

La iglesia de Franco. El coronel Arciniega se arrodilla ante el nuncio Antoniutti.

La fotografía refleja, de forma muy expresiva, uno de los principios contenido en el Fuero de los Españoles de 1945. "Artículo 6º. La religión católica será protegida por el Estado, pues es reconocida como religión oficial. El Estado, no obstante, asume la protección religiosa, la moral y el orden público (..)". 
La fotografía muestra cómo el nuncio (embajador) del Vaticano es saludado por un militar de alta graduación en una ceremonia o recepción oficial.
El fondo de la fotografía está ocupado por una masa de clérigos y militares, que asisten complacidos a la escena en que el coronel se arrodilla para besar la mano del nuncio. Se puede señalar dos ideas:
- La fusión y la cordial relación entre la Iglesia y el ejército franquista, como elementos fundamentales del régimen.
- Incluso una relación de preeminencia entre la Iglesia sobre el ejército franquista: el militar se arrodilla ante el clérigo.
Esta fotografía tomada en 1956 es un buen exponente de las relaciones del Estado y la Iglesia desde que en la Guerra Civil la casi totalidad de los obispos definieron la contienda como una cruzada (pastoral colectiva de 1937). A comienzos de la década de los años cincuenta, cuando el régimen franquista dejó de correr peligro ante las democracias occidentales, por constituir un buen aliado en la guerra fría de Occidente frente a la URRS, el Vaticano se apresuró a firmar con el dictador un Corcordato (1953) por el que la Iglesia católica pasaba a gozar de una situación privilegiada en el control de la educación, la percepción de ayudas y salarios para los clérigos, así como numerosos privilegios y puestos de control y poder en el sistema político. Con ello la Iglesia católica de hecho se constituía en parte integrante del régimen.

PRONUNCIAMIENTO

En la España del siglo XIX se denominó Pronunciamiento a la sublevación armada, en la que se pronunciaba públicamente un conjunto de ciudadanos en favor de una opción política determinada. Los pronunciamientos eran el resultado de conspiraciones en las que solían participar paisanos y militares; a su cabeza figuraba algún militar prestigioso que aparecía como dirigente máximo. Los hubo de varios tipos según su planteamiento ideológicos: moderados, progresistas, democráticos..
A partir de la restauración absolutista de Fernando VII en 1814, se comenzaron a producir pronunciamientos en la vida política española. Fracasaron los de Porlier, Lacy, Mina, etc. Pero, al fin, triunfó en 1820 el de Riego, que dio paso al Trienio Liberal.
A lo largo del siglo XIX hubo otros muchos, la mayor parte fracasados: Zurbano, O´Donnell, Prim, Serrano fueron generales que protagonizaron pronunciamientos: el último fue el republicano del general Villacamapa, en 1886, que no tuvo éxito.
Su importancia histórica radica en dos aspectos:
a) Por un lado, son determinantes en muchos cambios de la vida política española en el siglo XIX. Cambios de régimen y de gobierno debidos a pronunciamientos fueron los siguientes:
- El Trienio Liberal (Riego, 1820).
- La Década Moderada (Narváez, 1843).
- Bienio Progresista (O´Donnell, 1854).
- Revolución de 1868 (Prim, Serrano, Topete...).
- Fin de la Primera República (Pavía, 1874).
- Restauración de la monarquía borbónica (Martínez Campos, 1874).
b) Por otra parte, la abundancia de estos golpes de fuerza se relaciona con el rasgo característico de la historia contemporánea española, el militarismo o pretorianismo, es decir, la continua intervención de los militares en la vida política, que demuestra la debilidad del liberalismo español y de la sociedad civil ante las fuerzas de las armas. 

SEÑORÍO Y RÉGIMEN SEÑORIAL.

Institución clave del régimen feudal y del Antiguo Régimen. Era la base de la articulación de la vida económica y política, sobre todo en la agricultura. Las tierras de señorío (laico o eclesiástico) eran explotadas por campesinos ligados a sus señores por relaciones de dependencia y obligados a pagar tributos , censos y arrendamientos (rentas). Además de este señorío territorial, el señorío puede ser también jurisdiccional, que posibilita al señor establecer tasas y pagos por servicios, nombrar cargos y disfrutar de privilegios exclusivos. Era usual que el señor ostentase ambos, dándose entonces el señorío pleno.
La abolición del régimen señorial era un requisito esencial en el proceso de la revolución liberal. La revolución liberal-burguesa abolía el principal obstáculo para la creación de un Estado nacional basado en la igualdad jurídica de todos los ciudadanos; desaparecían así, todas las particularidades y la fragmentación política que caracterizaba el viejo sistema. A partir de entonces, la nación se entendía como constituida por todos los ciudadanos regidos por unas mismas leyes el ámbito del mismo Estado. Por ello, las Cortes de Cádiz, entre sus primeros decretos, promulgaron uno en 1811 con este objeto. De esta manera, se produjo la supresión tajante de los señoríos jurisdiccionales. Sin embargo, el decreto distinguía claramente las prerrogativas jurisdiccionales de los derechos de propiedad que proceden del señorío territorial o solariego. Estos derechos eran reconocidos y mantenidos, pasando sus antiguos titulares a ser propietarios de pleno derecho de estos bienes.
El sistema señorial fue restablecido por Fernando VII en 1814, nuevamente abolido en 1820 y repuesto en 1833. Por último, a partir de la muerte de Fernando VII y en plena guerra carlista, fue definitivamente eliminado.
Cuando se produjo la abolición de los señoríos en 1837, surgieron numerosos problemas. Muchos señores jurisdiccionales alegaban que también eran titulares del señorío territorial y, por tanto, exigían mantener la propiedad de los territorios y entraron en conflicto con los vecinos de los pueblos. Así, se produjeron muchos pleitos que en la mayoría de los casos se saldaron a favor de los antiguos señores, por la influencia de estos en los juzgados. De manera que la mayor parte de la nobleza perdió sus títulos y honores, pero mantuvo y vio reconocidas sus propiedades, ahora ya como terratenientes

TEXTO. Proclamación de José Bonaparte como rey de España.

Napoleón por la gracia de Dios, Emperador de los franceses, Rey de Italia, Protector de la Confederación del Rhin (...).
La Junta de Estado, Consejo de Castilla, la villa de Madrid, etcétera, habiéndonos por sus exposiciones hecho entender que el bien de España exigía que pusiese prontamente término al interregno, hemos resuelto proclamar, como Nos proclamamos por las presentes, Rey de España y de las Indias a nuestro muy amado Hermano José Napoleón, actualmente Rey de Nápoles y Sicilia. 
Garantizamos al Rey de las Españas la independencia e integridad de sus estados, así los de Europa, como los de África, Asia y América. Y encargamos que el Lugar-Teniente General del reino, los ministros y el Consejo de Castilla hagan expedir y publicar la presente proclamación en las formas acostumbradas, para que nadie puede alegar ignorancia. 
Dado en nuestro palacio imperial de Bayona el 6 de junio de 1808. Napoleón. Por el Emperador, el ministros Secretario de Estado Hugo B. Maret. 
Gaceta de Madrid, 14 de junio de 1808.
CUESTIONES.
a) Sitúa el texto dentro de su contexto histórico.
El documento es un decreto promulgado por Napoleón en junio de 1808, ya comenzada la guerra de la Independencia por parte de las juntas surgidas en muchas localidades de España. Este decreto es, por tanto, una fuente histórica de naturaleza jurídico-política directa y primaria, importante para el conocimiento de la crisis del Antiguo Régimen en España en las circunstancias de la ocupación francesa del territorio español y la instauración de la dinastía napoleónica en España. El documento tiene carácter público, publicado en la Gaceta de Madrid, diario oficial del Estado.
A partir de la toma del poder por Napoleón Bonaparte, en 1799, la corte española estaba vinculada a la política expansionista de Francia. La debilidad de Carlos IV animó a Napoleón, que obligó a Godoy a dirigir la invasión de Portugal -Guerra de las Naranjas-, con el objeto de cerrar sus puertos al comercio británico. En 1802, Francia e Inglaterra firmaron la Paz de Amiens, pero enseguida reanudaron sus hostilidades y España se vio envuelta en otra guerra no deseada, de trágicas consecuencias para su flota, que fue derrotada en Trafalgar en 1805 ante la escuadra del almirante Nelson. Las posesiones americanas quedaban incomunicadas y el hundimiento económico de España se hacía imparable. Los desastres bélicos, el arrinconamiento político de la alta nobleza y el disgusto del clero a causa de las medidas desamortizadoras unieron a la oposición en torno al príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII, quien no congeniaba con Godoy.
Por el contrario, otros españoles descontentos ponían sus esperanzas en Napoleón Bonaparte, cuya revolución liberal daba respuesta al deseo de cambio de una minoría ilustrada. Un buen impulso al complot de los conservadores fue el Tratado de Fontainebleau (1807), por el que Godoy autorizaba el acantonamiento de tropas francesas en España, con el objetivo de una nueva campaña de conquista y reparto de Portugal. Ante la ocupación de la península por los ejércitos napoleónicos, bajo el pretexto de la expedición portuguesa, Godoy tramó la huida de la familia real a Andalucía o América, pero su propósito se malogró con el motín de Aranjuez (19 de marzo de 1808). Soldados, campesinos y servidumbre del palacio, alentados por los simpatizantes del príncipe heredero, provocaron la caída de Godoy y obligaron a Carlos IV a abdicar en favor de su hijo Fernando VII.
Sin embargo, Napoleón no reconoció a Fernando, y Carlos  IV, pronto negó su abdicación, en tanto las tropas francesas, al mando del general Murat, entraban en Madrid. Ese momento fue aprovechado por el emperador para terciar en la disputa de la corona y empujar a padre e hijo a arreglar sus diferencias en Bayona. Con los reyes en Francia, Napoleón no esperó más y obligó a ambos a trasladarle el trono, que, a su vez, entregaría a hermano José Bonaparte, en las abdicaciones de Bayona.
La salida de la familia real española en dirección a Francia, donde se debía reunir con Napoleón, enfureció tanto a los madrileños, que el 2 de mayo de 1808 se levantaron contras las fuerzas francesas ocupantes de la capital. Pocas horas después, el general Murat reprimía la revuelta fusilando a centenares de paisanos como escarmiento, mientras que la Junta de Gobierno, dejada tras su marcha por Fernando VII, no hacía nada por evitar el castigo Al conocerse la noticia de las abdicaciones y los sucesos de Madrid, los levantamientos antifranceses se extendieron por toda España, llegándose a linchar en alguna ciudad a funcionarios reales encargados de publicar la renuncia de Fernando VII a la corona española.


b). Explica cómo fue proclamado rey de España Jose I. 
Las circunstancias son, pues, las de una gran crisis política que había estallado en España  en marzo con motivo del motín de Aranjuez, sublevación popular contra el gobierno de Godoy y a favor de Fernando, que se resolvió con la abdicación inicial de Carlos en su hijo. Igualmente, la entrada de las tropas francesas de Murat en Madrid, la salida hacia Bayona de la familia real y el levantamiento que se produjo en 2 de mayo, crearon en España una situación de vacío de poder y conflicto armado. El decreto que comentamos es un resultado de las llamadas abdicaciones de Bayona que se dan en mayo de 1808, cuando la familia real española fue convocada personalmente por Napoleón a esta ciudad francesa. En las abdicaciones Carlos IV y su hijo Fernando VII cedieron la corona de España al imperio francés y recibieron a cambio títulos y honores en Francia (traspaso ilegal, por otra parte). 
La cesión de la corona se hizo a Napoleón, quien, desde 1804 ostentaba el título de emperador y proyectaba construir un gran sistema imperial europeo en el que España era un pieza fundamental es su estrategia de enfrentamiento con Inglaterra.
Los principales acontecimientos que siguen a las abdicaciones y al nombramiento de José I Bonaparte se resumieron en las promulgación de una breve constitución (Estatuto de Bayona) a modo de carta otorgada para la organización del Estado. Jose I solamente fue aceptado por los sectores afrancesados, mientras por toda España y la América española surgían juntas que ostentarían la soberanía en nombre del rey Fernando. En el plano político se llego a forma una Junta Suprema, que establecería una regencia hasta el retorno  de quien consideraban legítimo rey.
Los levantamientos de mayo de 1808 degeneran en guerra (1808-1813), que se generaliza por todo el territorio español a en cinco largos años, dejando un trágico balance de pérdidas humanas (más de 300.000 muertos), destrucciones y saqueos. Fue una guerra nacional y popular, pero no revolucionaria, guerra española y al mismo tiempo conflicto internacional. La lucha contras los franceses acrecentó el sentimiento de pertenencia a una misma comunidad y conformó una nueva mentalidad de españoles, por encima de las adscripciones regionales o de reinos. Sin embargo, el ideario que hizo posible el levantamiento partía de la defensa de la religión y la monarquía, de una visión tradicional de la sociedad no compartida por la minoría liberal que , además de afirmar la nación frente a Francia, deseaba hacer su propia revolución. 
En el terreno militar, durante 1808 se producirán numerosos enfrentamientos, de los cuales el más importante sería la batalla de Bailén, primera derrota importante de un ejército napoleónico. Esta victoria de una ejército exclusivamente español y los movimientos de tropas inglesas obligaron a José I a abandonar Madrid. En los meses posteriores, el propio Napoleón dirigirá la incursión de un potente ejército que repondrá al rey José y presionará a los ingleses hasta lograr el control efectivo de la mayor parte de las ciudades españolas y portuguesas. No obstante, el hostigamiento guerrillero continuará dificultando la ocupación, mientras Cádiz resista.

c) Comenta quiénes fueron los afrancesados y cuál fue su pensamiento político.
Así como el clero conseguía movilizar al pueblo campesino contras los franceses, José Bonaparte no lograba un apoyo suficiente de las minorías ilustradas, porque resultaba demasiado patente el espíritu de conquista de su hermano Napoleón. En la España ocupada por las tropas francesas, el rey José I trataba vanamente de emprender las reformas que el Estatuto de Bayona había proyectado, contando para ello, con la ayuda de los afrancesados, partidarios del reformismo ilustrado, pero enemigos de medidas revolucionarias. Al igual que otros ilustrados el pintor Francisco de Goya  confiaba en los Bonaparte, mientras retrataba la violencia desatada en su serie de grabados: Los desastres de la Guerra.
Muchos afrancesados eran funcionarios del Estado que en su pragmatismo prefirieron seguir fieles a quien ejercía el poder; otros eran eclesiásticos ilustrados que, ante la fortaleza del ejército francés y la ineficacia de las instituciones del Antiguo Régimen, optaron por el invasor. La mayoría de los afrancesados convencidos lo fueron porque quisieron realizar reformas en el ámbito de la enseñanza, el derecho o la religión, de acuerdo con un ideario compartido por otros españoles, a los que la lucha contra el invasor habría de reunir en las Cortes de Cádiz. Pero, odiada por la población, la minoría afrancesada pagó caro su colaboracionismo, siendo víctima de la venganzas domésticas que toda guerra genera y, mas tarde, del exilio.

Manuel Azaña Díaz (1880-1940)

Retrato de Enrique Segura
Manuel Azaña Díaz (1880-1940). Nació en 1880 en Alcalá de Henares (Madrid), donde su familia se había significado desde generaciones por sus convicciones liberales, hasta el punto de que algunos de sus miembros participaron en el gobierno y la política local. Huérfano desde niño (su madre murió en 1889, el padre al año siguiente) quedo con sus hermano al encargo de la abuela. 
En 1893 ingresa como becario en el Real Colegio de Estudios Superiores de los los agustinos en El Escorial, allí preparó la licenciatura de Derecho, licenciándose en Zaragoza. Fue después a Madrid, donde cursó el doctorado y mantuvo una limitada relación con la Institución Libre de Enseñanza (alumno oyente de Giner, por su amistad con Guillermo Pedregal). En 1900 presenta su tesis doctoral La responsabilidad de las multitudes y empieza a trabajar  en el bufete de Luis Díaz Cobeña, allí tuvo de compañero a Niceto Alcalá Zamora. 
Colaborador en la prensa local, en Madrid escribió en Gente vieja. En la Academia de Jurisprudencia disertó con éxito, en 1902, sobre la libertad de asociación. Su vocación profesional e intelectual se interrumpió en 1903, al tener que volver a Alcalá para gestionar los negocios familiares, entrando en la política municipal, manteniendo buenas relaciones con el núcleo socialista local y apoyando a su hermano concejal. 
En 1910 ingresó por oposición a la Dirección General de Registros y del Notariado, y en una última manifestación de su relación con la política de su ciudad natal, pronunció en 1911 una conferencia en la recién inaugurada Casa del Pueblo sobre El problema español, en la que sostuvo la articulación entre cultura y democracia.
Becado por la Junta de Ampliación de Estudios marchó a París (1911-1912) estudiando derecho civil comparado y enviando colaboraciones para La Correspondencia. En 1913, en la candidatura del conde de Romanones, es elegido secretario del Ateneo de Madrid hasta 1920. En 1916, formando parte como secretario del Ateneo de comisiones de intelectuales invitadas por los aliados, visitó los frentes de Francia e Italia, enviando crónicas a varios periódicos madrileños. 
Mitin en la plaza de toros de Bilbao. 9 de abril de 1933
Esa experiencia le interesó en los problemas militares, por lo que redactaría para su partido (P. Reformista) una memoria sobre la reforma del ejército. Contribuyó con Ortega a fundar la Liga de Educación Política. En 1918, tras no conseguir salir diputado por Puente del Arzobispo,  fundó Unión Democrática Española a la que se adhirieron Unamuno, Menéndez Pidal, Pérez de Ayala y Américo Castro.  Fue corresponsal de Le Fígaro en París (1919-1920). Al regresa fundó La Pluma, que publicará hasta 1923, con Cipriano Rivas Cherif. Colaboró en España, sucediendo a Araquistáin como director en 1922. En 1924 no consiguió, de nuevo, salir diputado por Puente del Arzobispo, en una elección tensa que terminó en el Tribunal Supremo. Meses después abandonó el reformismo por su condescendencia con la Dictadura de Primo de Rivera, fundando entonces con Giral (1925) Acción Republicana tras publicar una Apelación a la República, alegato contra el rey y contra el dictador. Replegado sobre su vida íntima, escritos y lecturas, publicó Vida de don Juan Valera (Premio Nacional de Literatura de 1926), El jardín de los frailes (1927) y una traducción de La Biblia en España de George Borrow. 


En 1930 su personalidad pública adquiere mayor relevancia, es elegido presidente del Ateneo (1930), partícipe en el Pacto de San Sebastián (17 de agosto). Proclamada la Segunda República fue ministro de Guerra en el gobierno provisional y en las Cortes Constituyentes tuvo un destacado protagonismo. En noviembre (al dimitir Alcalá Zamora y Miguel Maura) Azaña formó gobierno con el apoyo de los socialistas. Su programa lo marca la urgencia de reformas: ejército ante todo (1931), pero también la laicización y secularización, no sólo de la enseñanza (Ley de Divorcio, de Congregaciones Religiosas, disolución de la Compañía de Jesús, etc..) sino también de la reforma agraria y la autonomía regional (ambas en 1932). Tales medidas le valieron la hostilidad de los sectores conservadores, sin ganarse, en cambio el apoyo de las fuerzas obreras más radicales. La represión de Casas Viejas (enero de 1933) invocando la Ley de Defensa de la República, le erosionaron personalmente, haciéndole dimitir en septiembre. 
Acción Republicana perdió representación en las elecciones de noviembre de 1933 y, en la primavera de 1934, con los Radical-Socialistas de Marcelino Domingo y con la ORGA (Organización Republicana Gallega Autónoma) de Casares Quiroga, formó Izquierda Republicana, el partido que desde 1935 sumó la mayoría de la izquierda burguesa. A raíz de los sucesos de Octubre de 1934 fue detenido en Barcelona y encarcelado durante un mes en un barco-prisión. 
Azaña presidente del gobierno en 1931. 
Volvió a la política activa a fines de ese año, con éxito como orador (mítines multitudinarios durante la campaña electoral) y crítico literario. Volvió a la jefatura del gobierno al producirse el triunfo del Frente Popular (febrero de 1936) iniciando una política de restauración y continuación de las realizaciones del primer bienio. 
El deterioro de la situación política y social le llevó, en mayo de 1936, ante la imposibilidad de un pactar un gobierno del socialista Indalecio Prieto deja pasó a Santiago Casares Quiroga, conviertiéndose en presidente de la República con el voto favorable de su candidatura única por 754 diputados (de un total de 847). No pudo ahí tampoco, contener los desordenes, ni el golpe militar de julio de 1936. 
Manuel Azaña y Juan Negrín asisten el frente de Madrid.
Trató sin éxito de pactar con los sublevados (por medio de Martínez Barrio y Giral) para evitar la guerra, y en consecuencia cedió a la presión revolucionaria y se inclinó (septiembre) por Largo Caballero, sustituído en mayo de 1937 por Negrín. Creyó enseguida que la República no podría ganar (La Belada de Benicarló, diciembre de 1937). Al dejar Barcelona tras la invasión de Cataluña (5 de febrero de 1939) salió a Francia, dimitiendo de la presidencia en el exilio unos días después y muriendo en Montauban el 4 de noviembre de 1940.
- M. Artola (coord), Enciclopedia de Historia de España. Vol 4. Diccionario biográfico. Alianza, 2001. 
- J. Alvar (coord), Diccionario de historia de España. Istmo, 2001. 

Paz, piedad y perdón.

Es la conmoción profunda en la moral de un país, que nadie puede constreñir y que nadie puede encauzar. Después de un terremoto, es difícil reconocer el perfil del terreno. Imaginad una montaña volcánica, pero apagada, en cuyos flancos viven durante generaciones muchas familias pacíficas. Un día, la montaña entra de pronto en erupción, causa estragos, y cuando la erupción cesa y se disipan las humaredas, los habitantes supervivientes miran a la montaña y ya no les parece la misma; no reconocen su perfil, no reconocen su forma. Es la misma montaña, pero de otra manera, y la misma materia en fusión que expele el cráter; cuando cae en tierra y se solidifica, forma parte del perfil del terreno y hay que contar con ella para las edificaciones del día de mañana.
Este fenómeno profundo, que se da en todas las guerras, me impide a mi hablar del porvenir de España en el orden político y en el orden moral, porque es un profundo misterio, en este país de las sorpresas y de las reacciones inesperadas, o que podrá resultar el día en que los españoles, en paz, se pongan a considerar lo que han hecho durante la guerra. Yo creo que si de esta acumulación de males ha de salir el mayor bien posible, será con este espíritu, y desventurado el que no lo entienda así. No tengo el optimismo de un Pangloss ni voy a aplicar a este drama español la simplicísima doctrina del adagio de que «no hay mal que por bien no venga». No es verdad, no es verdad. Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa de escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordarán, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: «Paz, Piedad y Perdón»
Manuel Azaña, Discurso en el Ayuntamiento de Barcelona, 18 de julio de 1938. 


NATURALEZA DEL TEXTO
Es un discurso pronunciado por el presidente de la República española en pleno trance de la Guerra Civil (1936-1939). Por tanto, tiene una naturaleza pública (está dirigido a la generalidad de la población), tiene una intencionalidad y, en consecuencia, es de carácter político.
IDEA PRINCIPAL
El mensaje fundamental que quiere transmitir Manuel Azaña consiste en llamar la atención sobre el futuro y la reflexión de que en el porvenir habría de suscitar el drama bélico. Consciente de lo irreversible de la guerra y de que tras ella nada será igual ganase quien ganase, entiende el nuevo contexto postbélico como un crisol en el que habrán de imponerse las palabras "Paz, piedad y perdón". En ese sentido, el texto es una llamada a la conclusión de la guerra, la firma de un armisticio (no una paz sin condiciones) y la amnistía. 
AUTOR
Ver biografía en Diccionario biográfico del blog. 
Manuel Azaña Díaz. 


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- La desigual ayuda a los combatientes.
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- Carta Colectiva del Episcopado apoyando a Franco. 1937. 
- Decreto de Unificación. 1937.
- Trece puntos de Juan Negrín. 1938.    


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La Segunda República (1931-1936).


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- Proclamación de la Segunda República.
- El voto femenino en España.
- Discusión en las Cortes del voto femenino. 
- Constitución de 1931.
- Estatuto de Autonomía de Cataluña. 
- Mapa. La gran propiedad rústica en España. 
- El pozo de todos los males. La tierra y la reforma agraria durante la Segunda República. 
- Ley de Bases de la Reforma Agraria.
- Los objetivos de la Reforma Agraria. 
- Azaña. España ha dejado de ser católica. 
- La oposición de derechas en las elecciones de 1932. 
- Mapa. Implantación de UGT y CNT durante la Segunda República.
- Composición de las últimas Cortes de la Segunda República.
- Discurso de Manuel Azaña. España ha dejado de ser Católica. 
- Ortega y Azaña. Discusión sobre el Estatuto de autonomía catalán. 
- Mapa. Sociología política durante la II República. 
- Mapas electorales durante la Segunda República. 
- Programa de la CEDA.
- La coalición del Frente Popular. 

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REINADO DE ALFONSO XIII Y DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA

TEMA 
- Dossier de textos sobre el reinado de Alfonso XIII y la Dictadura de Primo de Rivera (1902-1931).
- J. Costa. La tierra y la cuestión social (1902). 
- Manifiesto de Solidaridad Catalana (1906).
- Lerroux y los Jóvenes Bárbaros (1906).
- Moción de la Asamblea obrera de Tarrasa (1909).
- Los principios de la CNT.
- La situación del campo andaluz a principios del siglo XX.
- Manifiesto del Comité de huelga de 1917.
- La crisis política de 1917. Asamblea de parlamentarios en Barcelona. 
- Cambo reclama la autonomía para Cataluña (1918).
- "La tierra para el que la trabaja" Congreso de la CNT (1919)
- Expediente Picasso (1922).
- Primo de Rivera sobre el conflicto marroquí (1923).
- Manifiesto del golpe de estado de Primo de Rivera (septiembre de 1923).
- Pacto de San Sebastián, agosto de 1930. 
- "El error Berenguer" de José Ortega y Gasset (1930).

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LA RESTAURACIÓN 1875-1902

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- CONCEPTOS BÁSICOS.

- EJE CRONOLÓGICO.
- PRÁCTICOS.           
- Manifiesto de Sandhurst.         
- Constitución de 1876.                                                                                                                                                                                                     

* Alguno del 98. Enfoque del regeneracionismo (crisis del 98) o político. 


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TEMAS.
ESQUEMAS PARA ESTUDIAR.


CONCEPTOS BÁSICOS.
CRONOLOGÍA.
PRÁCTICOS. 
- Mapa. Estructura dual de la propiedad en España.  
- Modelo. Agricultura, tecnficación y crecimiento económico. Carencias del modelo agrario español. 
- El precio de los productos de primera necesidad (1898). 
- Las condiciones de la viviendas (1853).
- Relaciones entre la vieja nobleza y la burguesia. La estrategia matrimonial y el patrimonio.

Movimiento obrero. 
- Motines luditas en Alcoy (1821).
- El asociacionismo obrero. 
- Primer Congreso Obrero de la Región Española (1870).
- La condena de la Internacional (1872). 

TODAS LAS ENTRADAS SOBRE EL TEMA EN

                                                                                                                                                                                                                       

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