EL MOVIMIENTO COMUNERO

La revuelta de las Comunidades (1520-1522) surgió en Castilla en los inicios el reinado de Carlos I, quien llegó a Castilla en 1517 rodeado de sus consejeros flamencos, ordenó la salida de importantes sumas de dinero hacia Flandes y recompensó a los extranjeros de su séquito con cargos y dignidades reservadas a los castellanos por el derecho tradicional castellano.
En las Cortes de Valladolid de 1518 se produjo un primer enfrentamiento entre el nuevo monarca y sus súbditos, ya que no veía con agrado ciertas leyes de Castilla, que al fin juró respetar, a cambio de ser reconocido por los estamentos del reino como soberano de Castilla.
El descontento de los castellanos aumentó por los continuos subsidios extraordinarios solicitados por el rey, especialmente el que pidió para trasladarse a Alemania en 1520, con ocasión de haber sido elegido emperador. Junto a ello, fue creciendo un fuerte sentimiento de rechazo hacia los muchos extranjeros, fundamentalmente flamencos, que habían poblado la Corte. El conflicto se inició cuando el monarca exigió a los procuradores de las ciudades la aprobación de un nuevo servicio en las Cortes de Santiago-La Coruña y desestimó las peticiones de las ciudades para hacer un análisis de los problemas del reino (situación económica y equilibrio político entre la Corona y los estamentos del reino).
La mayor parte de los procuradores elegidos por las ciudades acudieron a Santiago con el compromiso de no votar el servicio que reclamaba el monarca si no se atendían las exigencias del reino. Así ocurrió, y un movimiento de desobediencia se extendió por la mayor parte de las ciudades de ambas mesetas. Las autoridades reales fueron controladas y desarmadas y el poder pasó a las comunidades surgidas en cada una de las ciudades sublevadas.
La revuelta estalló en mayo de 1520, bajo la iniciativa de la ciudad de Toledo, que inició la sublevación contra la monarquía, a la que posteriormente se unieron otras ciudades (Segovia, Zamora, Toro, Salamanca, Ávila, León, Cuenca…) y pidió que las ciudades con voto en Cortes se organizaran corporativamente en torno a una Junta. Así se creó la Junta Magna (Junta de Ávila), órgano supremo del movimiento que se constituyó en gobierno del reino y reconoció a Juana, madre de Carlos I, como reina legítima de Castilla, nombrando al toledano Juan de Padilla capitán general de los ejércitos comuneros.
Este movimiento agrupaba a un sector de los hidalgos y de las clases medias urbanas (artesanos, mercaderes, funcionarios) y reclamaba protección para la industria nacional, especialmente la textil, muy perjudicada por la exportación de lana, defensa frente a la competencia extranjera, respeto a las leyes tradicionales del reino y mayor participación política.
El ataque de las tropas del regente a Segovia y el incendio de Medina del Campo por tropas realistas promovió que nuevas ciudades se sumaran al movimiento comunero (Cáceres, Palencia, Badajoz, Sevilla…).
Los sublevados se enfrentaron a la oposición de la monarquía, de los grandes exportadores de lana y de la gran nobleza terrateniente. Con la ayuda de estos sectores, el regente Adriano de Utrecht consiguió reunir un ejército que se enfrentó a las milicias comuneras. En diciembre de 1520 las tropas del regente Adriano entraron en Tordesillas, un lugar simbólico para la Comunidad, ya que allí tenía su residencia la reina Juana.
Las diferencias internas dentro del movimiento y la alianza entre la Corona y la nobleza precipitaron a los comuneros a la decisiva derrota de Villalar (abril de 1521), seguida de la ejecución de sus tres cabecillas principales: Padilla, Bravo y Maldonado, hechos prisioneros en dicha batalla, con lo que se desmoronó la causa comunera, pese a que ciudades como Toledo prolongaron su resistencia durante seis meses e intentaron, sin éxito, resucitar la revuelta en febrero de 1522 bajo el liderazgo de María Pacheco, viuda de Padilla.
Ajusticiamiento de los capitanes comuneros en Villalar el 24 de abril de 1521, visto por Antonio Gisbert, año 1860.
Algunos historiadores consideran el movimiento de los Comuneros como una primera revolución moderna, en la que se habrían defendido las libertades castellanas contra el autoritarismo de Carlos I. Por otro lado, también se ha hecho ver su carácter antiseñorial, lo que explicaría que la nobleza y una parte de las oligarquías urbanas abandonaran el movimiento.
María Pacheco recibiendo la noticia de la muerte de su marido en Villalar; óleo del siglo XIX de Vicente Borrás.

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