SEÑORÍO Y RÉGIMEN SEÑORIAL.

Institución clave del régimen feudal y del Antiguo Régimen. Era la base de la articulación de la vida económica y política, sobre todo en la agricultura. Las tierras de señorío (laico o eclesiástico) eran explotadas por campesinos ligados a sus señores por relaciones de dependencia y obligados a pagar tributos , censos y arrendamientos (rentas). Además de este señorío territorial, el señorío puede ser también jurisdiccional, que posibilita al señor establecer tasas y pagos por servicios, nombrar cargos y disfrutar de privilegios exclusivos. Era usual que el señor ostentase ambos, dándose entonces el señorío pleno.
La abolición del régimen señorial era un requisito esencial en el proceso de la revolución liberal. La revolución liberal-burguesa abolía el principal obstáculo para la creación de un Estado nacional basado en la igualdad jurídica de todos los ciudadanos; desaparecían así, todas las particularidades y la fragmentación política que caracterizaba el viejo sistema. A partir de entonces, la nación se entendía como constituida por todos los ciudadanos regidos por unas mismas leyes el ámbito del mismo Estado. Por ello, las Cortes de Cádiz, entre sus primeros decretos, promulgaron uno en 1811 con este objeto. De esta manera, se produjo la supresión tajante de los señoríos jurisdiccionales. Sin embargo, el decreto distinguía claramente las prerrogativas jurisdiccionales de los derechos de propiedad que proceden del señorío territorial o solariego. Estos derechos eran reconocidos y mantenidos, pasando sus antiguos titulares a ser propietarios de pleno derecho de estos bienes.
El sistema señorial fue restablecido por Fernando VII en 1814, nuevamente abolido en 1820 y repuesto en 1833. Por último, a partir de la muerte de Fernando VII y en plena guerra carlista, fue definitivamente eliminado.
Cuando se produjo la abolición de los señoríos en 1837, surgieron numerosos problemas. Muchos señores jurisdiccionales alegaban que también eran titulares del señorío territorial y, por tanto, exigían mantener la propiedad de los territorios y entraron en conflicto con los vecinos de los pueblos. Así, se produjeron muchos pleitos que en la mayoría de los casos se saldaron a favor de los antiguos señores, por la influencia de estos en los juzgados. De manera que la mayor parte de la nobleza perdió sus títulos y honores, pero mantuvo y vio reconocidas sus propiedades, ahora ya como terratenientes

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