La iglesia de Franco. El coronel Arciniega se arrodilla ante el nuncio Antoniutti.

La fotografía refleja, de forma muy expresiva, uno de los principios contenido en el Fuero de los Españoles de 1945. "Artículo 6º. La religión católica será protegida por el Estado, pues es reconocida como religión oficial. El Estado, no obstante, asume la protección religiosa, la moral y el orden público (..)". 
La fotografía muestra cómo el nuncio (embajador) del Vaticano es saludado por un militar de alta graduación en una ceremonia o recepción oficial.
El fondo de la fotografía está ocupado por una masa de clérigos y militares, que asisten complacidos a la escena en que el coronel se arrodilla para besar la mano del nuncio. Se puede señalar dos ideas:
- La fusión y la cordial relación entre la Iglesia y el ejército franquista, como elementos fundamentales del régimen.
- Incluso una relación de preeminencia entre la Iglesia sobre el ejército franquista: el militar se arrodilla ante el clérigo.
Esta fotografía tomada en 1956 es un buen exponente de las relaciones del Estado y la Iglesia desde que en la Guerra Civil la casi totalidad de los obispos definieron la contienda como una cruzada (pastoral colectiva de 1937). A comienzos de la década de los años cincuenta, cuando el régimen franquista dejó de correr peligro ante las democracias occidentales, por constituir un buen aliado en la guerra fría de Occidente frente a la URRS, el Vaticano se apresuró a firmar con el dictador un Corcordato (1953) por el que la Iglesia católica pasaba a gozar de una situación privilegiada en el control de la educación, la percepción de ayudas y salarios para los clérigos, así como numerosos privilegios y puestos de control y poder en el sistema político. Con ello la Iglesia católica de hecho se constituía en parte integrante del régimen.

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